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Obispo Edir Macedo - Mi blog personal
Lunes, 22 de Marzo de 2010

El obispo responde – Mas-turbación
20 de Marzo de 2010

Pregunta:

Obispo Macedo, mi nombre es Werick, yo tengo 16 años y quería saber si la masturbación es normal o no. Cuando me vienen pensamientos de masturbarme, yo intento resistir, pero es más fuerte que yo. Tengo 8 años en la IURD y cuando yo voy a hablar con Dios Le pido que me de mucha fuerza, pero no siento esa fuerza. Quedo muy triste por hacer eso. Por favor, ayudeme, obispo. Dios lo bendiga señor.

Respuesta:

Mi querido Werick,

Su duda es, en verdad, la de la mayoría de las personas. Especialmente cuando se trata de cristianos sinceros. Le pedí a la médica dra. Eunice Higuchi que diese un comentario científico sobre el tema. Ella me lo retornó diciendo:

Obispo,

La masturbación, debido principalmente a los estudios de la Sexología, es entendida como una práctica normal en la infancia, adolescencia, en la fase adulta y la vejez.

En la adolescencia (de los 10 a los 20 años), la producción de hormonas sexuales, nuevos intereses descubrimientos propios de esa fase, provocan un deseo sexual de mayor intensidad, siendo la masturbación una forma de aliviar la tensión sexual y de conocimiento y descubrimientos del propio cuerpo. Inclusive, hace parte de un aprendizaje importante para la satisfacción sexual en la vida adulta. Pero, esta es preocupante cuando es practicada de una manera compulsiva, perjudicando el desarrollo de otras áreas de la vida (estudios, deportes, vida social, etc) o cuando es practicada con objetos que puedan causar lesiones. En esas dos circunstancias, sería aconsejable buscar un médico.
Espiritualmente, la masturbación es una inclinación carnal. El acto en sí no es pecado. Pero, sí, el motivo por el cual es hecho. O sea, el pensamiento que lo motiva. Conciliar la buena conciencia cristiana y tal práctica es imposible, pienso yo. Qué hacer? Pablo enseña: Es mejor casarse que vivir quemándose. Pero, y los quemados que están impedidos de casarse? Creo que la masturbación sería la salida más segura. Eso si no hubiera una intención impura en el corazón. (Mt. 5:28)

El bautismo en el Espíritu Santo, creo, es la única solución definitiva para este problema. A causa de eso, el cristiano reúne condiciones de vencer al mal pensamiento. Es capaz de resolver el problema, ya que Él ofrece salidas. Pero, mientras eso no sucede, es normal, especialmente entre los jovenes en formación. Es como dijo la dra. Eunice.

Lo ideal sería ocupar la mente con pensamientos puros. Siendo asís, no habrá masturbación. Y sin masturbación no habrá acusación maligna.

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” (Gálatas 5:16)

Que el Espíritu de Dios sea con todos.

Vea también:

- Como superar los malos pensamientos


Publicado por Edir Macedo

Fe + Amor = Fidelidad
19 de Marzo de 2010


Publicado por Edir Macedo

Vocabulario de la Vida
18 de Marzo de 2010


Publicado por Edir Macedo

Carta de perdón al Obispo Macedo
17 de Marzo de 2010

¡Obispo Macedo!

Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.

Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.

¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.

Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.

Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.

Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!

Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo… jejejeje… ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?

Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.

Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.

Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.

Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.

¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.

Mara Lucia
IURD Orlando


Publicado por Edir Macedo

La Voz de Dios
15 de Marzo de 2010

voz

La Voz de Dios es más perceptible durante las adversidades de la vida. Fue así con el apóstol Juan, en la Isla de Patmos. Exiliado y sujeto a trabajos forzados, él reunía todas las condiciones para lamentar aquella situación. Tenía hasta el derecho de reclamar a Dios y pedir la muerte. Pero fue justamente en esas condiciones adversas que oyó la Voz de Dios y recibió la visión apocalíptica.

Toda su narración está sujeta a lo que él vio y oyó bajo el fuego ardiente vivido en aquel lugar.

Vivió el horror en la isla de los esclavos. Vio el horror reservado para aquellos cuyos nombres están registrados en el Libro de la Muerte. Pero tuvo su alma aliviada cuando vislumbró el nuevo Cielo y la nueva Tierra y el Libro de la Vida, donde encuentra su nombre registrado. Toda su visión sucedió porque el Espíritu Santo hizo de su cuerpo Su morada.

Vale la pena soportar todas las adversidades de la fe. Al final de cuentas, son estas las que dan a los siervos de Dios la condición de vencedores. Vencer, no para conquistar la gloria de este mundo, sino, para tener la gloria eterna de sentarse en el trono al lado de la Majestad de la Gloria. (Apocalipsis 3:21)


Publicado por Edir Macedo

Carta de un ex-miembro de la Iglesia Mundial
14 de Marzo de 2010

Volví a la IURD hace un mes. Mi esposo y yo nos conocimos en la Iglesia Universal y nunca fui al mundo. Me casé y después de dos años mi esposo decidió ir a la Mundial. Fuimos levantados obreros allí. Yo fui por sumisión, al principio me estaba sintiendo bien, pero mi vida espiritual fue cayendo día a día.

Transcurridos casi dos años, yo ya estaba como miembro sólo para agradarlo. Continuaba yendo con él, pero estaba muy mal, espiritualmente hablando. Comenzaron a aparecer problemas de salud que nunca tuve, siempre tomando remedios, pero continuaba tranquila, acompañando a mi esposo, que está como obrero.

Este año, a fines de enero, decidí por mi vida y volví para la Universal, solita. Mi marido estuvo de acuerdo, pero en el fondo él no quiere que vaya, pues me critica todos los días. Quiere que vaya con él a la Mundial y dijo que no está contento con esta situación. Muchas veces, él me trata muy mal, es áspero en sus palabras y me humilla frente a mis padres y de sus parientes, gritándome si yo dudo en alguna palabra o actitud.

Estoy feliz, porque me reencontré con el Señor Jesús. Fui curada, y yo ya ni sabía lo que era tener la presencia de Dios y decir “Yo te amo Jesús”. Y estoy yendo martes, miércoles y domingos, y hace dos domingos fui renovada por el Espíritu Santo, hablando en lenguas, lo que no sucedía hace dos años.

Estoy feliz, pero la presión está aumentando día tras día, y mucho. Hasta cambió el obispo de la Iglesia Mundial en mi ciudad y vino uno que a mi marido le gusta mucho, porque fue quien lo consagró a obrero. No sé qué hacer – estoy orando – no sé si eso que está en mi marido es un demonio o cosas de él, porque él no era así cuando iba conmigo a la Universal. Él siempre fue muy manso, pero ahora está lleno de “razón”. Yo nunca puedo opinar nada, porque ya tengo miedo de decir algo y que él salga con alguna grosería.

Yo me esfuerzo para ser una esposa virtuosa, trabajo (empleo bendecido. A veces, gano más que él) y dejo la casa linda para mi esposo. Cocino, hago lo bueno y lo mejor, doy cariño y siempre fui así, lo traté como a un bizcocho. Prefiero hacer antes las cosas para él y dejar las mías o a mí en segundo plano. Creo que cada día me anulo más y me dedico más y más, pero mi salvación y mi vida con Dios están en primer lugar.

Estoy luchando, no pretendo retroceder. ¿Estoy actuando correctamente? ¿Hasta que punto debo ser sumisa?

Gracias por su atención.

RESPUESTA:

La sumisión de la mujer para con su marido no puede ser considerada sin límites. La sumisión solamente debe ser ilimitada cuando se trata de la relación con el Señor Jesucristo. ¡Él es el Señor!

Imagine si el marido incrédulo exige que su mujer abandone o niegue su fe en el Señor Jesús. ¿Ella tendrá que hacerlo para cumplir su obligación de sumisión? ¡Está claro que no!

Por lo tanto, hay que usar la fe con buen sentido y equilibrio para no entristecer al Espíritu Santo.

Dios la bendiga abundantemente.


Publicado por Edir Macedo

Finalmente un patrocinador
12 de Marzo de 2010

Si usted quiere ver un video sobre matrimonio clique aquí


Publicado por Edir Macedo

Albert Einstein
11 de Marzo de 2010


Publicado por Edir Macedo

Como recibir el Espíritu Santo
11 de Marzo de 2010

sed

Primer paso: Conciencia.

Estar consciente de que nadie es bautizado con el Espíritu Santo porque lo merece. Si cree que tiene méritos, no lo va a recibir nunca. Ese bautismo debe ser buscado con todas las fuerzas y de todo corazón, por medio de la fe en el Señor Jesucristo.

Segundo paso: Querer.

Ese querer no es simple voluntad o una buena idea, ni porque otros Lo tienen. Pero, por ser muy necesario en cuanto a la salvación. Es un querer semejante al perdón de los pecados. Es un querer ardiente, por encima de cualquier otro sueño o deseo del corazón. Más que vivir, casarse, conquistar, en fin, más que todo lo que las personas o este mundo pueden ofrecer. Por eso, el Señor impone la condición de sed. Es necesario tener sed. Mucha sed. Una sed desesperante. Si alguno tiene sed… (Juan 7:37) Si no hay garra en el querer, será difícil.

Tercer paso: Pensamiento.

El querer debe seguir por el pensamiento ocupado en la Persona del Espíritu Santo. El pensamiento continuo en Él debe ser tanto en casa, en el trabajo, en la calle, en la iglesia o en cualquier lugar. Tanto como pueda. Es como en el noviazgo. Cuando se está amando, la persona va y viene y siempre termina pensando en la persona amada, ¿no es así? Lo mismo debe ocurrir con el candidato al Sello Divino. Lo importante es mantener la mente enfocada en Él. No es necesario decir que, en esa etapa, el candidato debe buscar al máximo aislarse de todo lo nocivo a la buena conciencia. Evitar las malas compañías o personas contrarias a la fe, distracciones vulgares y todo lo demás que interrumpa la relación con el Espíritu. Es difícil, pero no es imposible. La fe exige sacrificio. Si en la conquista de los bienes materiales no se miden sacrificios, cuanto más en la conquista espiritual. ¡Imagine la plenitud del Espíritu Santo!

Por lo tanto, tiene que haber un esfuerzo sobrenatural.

Conclusión:
Cuando esas condiciones están satisfechas, el candidato no necesita hacer más nada, mucho menos preocuparse. Sólo esperar. En cualquier momento y en cualquier lugar él puede ser bautizado. En casa, en el trabajo, en la calle, en la iglesia, en fin, no hay más impedimentos para que el Señor Jesús venga a bautizarlo con Su Espíritu.

Observación:Durante el tiempo de “ocupar la mente” con la Persona del Espíritu Santo, es probable que el diablo sople pensamientos sucios. En caso que eso suceda, sepa que eso es una excelente señal de que usted está en el camino correcto. No se desanime. No se preocupe. Y no piense que está pecando contra Él. Tentación no es pecado. Pecado es caer en tentación. Pecado imperdonable es ofender o proferir palabras contra el Espíritu Santo.
Cuando vengan pensamientos sucios, no tenga miedo y no se acobarde. Aproveche el momento y resista al diablo alabando al Señor Jesús. Sea con cánticos, con palabras de adoración (en un tono alto o bajo, depende de su privacidad). Lo importante es no temer o intimidarse delante de los pensamientos sucios. ¡Tiene que reaccionar! Y reaccionar con alabanzas a Dios.


Publicado por Edir Macedo

Sexo con lucifer – Capítulo 4
9 de Marzo de 2010

>Lea también los capítulos 1, 2 y 3


Volví al baño y me senté nuevamente donde mi vida estaba, ¡en el sanitario! Cuando fui a tomar la “actitud”, la voz de Dios fue mayor que todo lo que ya había “escuchado”, (mi hermano ya buscaba fervorosamente por mi en la IURD de Botafogo). No sé cómo explicarlo, pero fue demasiado fuerte. Sentí un temor tan grande que en el momento perdí el valor. Hoy, se que fue mi salvador Jesucristo. Yo lo sentía muy fuerte “decir”: “¡No haga eso jamás! ¡Su vida tiene solución!” Y entonces, el tal “hombre” en ese instante desapareció. Fui a la cocina y coloque los remedios sobre la mesada junto al vaso de agua y fui a dormir. Me imagino que el Espíritu Santo, a través de las oraciones de mi hermano, haya trabajado en mí durante el breve sueño, pues, dos horas después de acostarme completamente ebria, me levante y me fui hasta la cocina a tirar los remedios.

Nunca le di la oportunidad a mi hermano de hablarme de Jesús. El nunca me evangelizó, además, nadie, porque el odio por la iglesia, principalmente por la Universal del Reino de Dios, era terrible. Cuando le hablaba de mi lamentable vida, él tomaba la Biblia, y yo decía: “¡Otra vez con esa cosa No me importa nada eso!”

Al día siguiente, un domingo (yo odiaba los domingos), desperté físicamente, porque estaba muerta y enterrada en mi propia derrota. Un vació tremendo, el alma dolía mucho, entonces, la voz del “hombre” volvió: “No lo lograste. Tu vida empeorara. Toma el arma de ese hombre y pégate un tiro en la cabeza. Y luego me veras.” El hombre a quien él se refería era mi esposo, que es policía.

Quede con aquella idea fija el domingo entero. Imagino que mi hermano estaba en la Iglesia orando por la familia y, por eso, yo no haya consumado el hecho.

Paso un terrible día pero el lunes no fue diferente. Las sugerencias eran cada vez más fuertes, hasta que llamé a mi hermano y atendió mi madre. Yo la ofendí gratuitamente lo mas que pude y le dije que si algo le pasara a mí y a mi hija, que nadie se sintiera culpable. Dije que nadie me amaba, ni Dios, porque ni siquiera servía para morir. Ni Él me quería porque si Él realmente existiera, yo no estaría pasando por todo esto. Fue entonces que mi hermano, como nunca había conseguido, me habló de Jesús. En principio, rechacé aun más la Iglesia Universal, tanto que cambiaba de vereda para no pasar por la puerta. Diezmos, ofrendas, ¡ah que odio tenía! Pero, pero una vez, el Espíritu Santo prevaleció y después de mucho esfuerzo fui. Insultando y hablando obscenidades, pero fui. Le pedí a mi hermano que me fuera a buscar (yo vivía del otro lado de la calle), pues no tenía fuerzas para más nada, y le dije así que llego: “¡Solo te digo una cosa, no se para que voy a ese lugar. ¡No creo más en nada, en nadie y ni en Dios! Yo odio esa iglesia. Realmente, debo estar loca de ir ahí, pero esa es la última puerta que voy a tocar. ¡Y si no me sirve, voy a matarme de una vez! Nadie me lo va a impedir!” ¡Y GRACIAS A DIOS, FUE LA ÚLTIMA PUERTA!

Eso paso el día 3 de abril del 2000. ¡Voy a hacer 10 años de vida! Ese día, me acuerdo de la ropa que usaba, de la alabanza que cantaba (“Asegúrate de la mano de Dios…”), de la prédica. Quede muy aturdida con las personas orando “alto”. Aquello parecía enloquecerme, pues el dolor de cabeza que yo tenía era más fuerte, como nunca había sentido, pero salí de allí con algo adentro de mí, que nunca, en 33 años (edad que tenía en ese momento), yo había sentido. ¡Allí, encontré verdaderamente al Dios que por toda mi vida busqué!

La entrega de mi vida es muy poco comparado a lo que el Señor hizo (y hace) por mí. Hoy, tengo 43 años, soy una nueva criatura, estoy liberada y bautizada con el Espíritu Santo. Estoy preparándome para ser una obrera por la infinita misericordia de Dios. Mi pacto ahora es con el Señor Jesús de servirlo hasta la muerte o hasta Su venida.

Esa es una parte de mi historia.

Estoy a disposición para lo que sea necesario.

Agradezco la oportunidad de poder evangelizar a multitudes con mi testimonio.

claudia-diniz1

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)


Publicado por Edir Macedo