
Leyendo los comentarios posteados en el blog, se puede percibir la sinceridad en las palabras de algunos, ya sean a favor o en contra del aborto. Pero, ¿todas las personas que están comentando harían, de hecho, lo que están escribiendo, ya sea positiva o negativamente? Sinceramente, tengo mis dudas.
El otro día, escribiendo el mensaje ABORTO, me puse en el lugar de mi vecina que había abortado. Entonces pensé: “¿Y si fuese yo, abortaría?”. Juro a gritos que titubeé. Fue ahí que recurrí a mi inteligencia.
Colocándome en el lugar de ella y viendo mi situación real en el momento, optaría por el aborto. No es que no prevenga, al contrario. Pero ¿quién no se acuerda de ese anticonceptivo hecho a base de harina? Muchas mujeres se embarazaron, aún previniendo. Me acuerdo muy bien de las entrevistas. Varias de ellas no tenían condiciones de tener un hijo. Algunas ya tenían, inclusive, más de dos, tres hijos. En este caso, la culpa no era de ellas. Fue una falla del medicamento.
Ahí me pregunto: ¿Para Dios, es más importante traer un niño al mundo, sin tener condiciones para eso, o no traerlo, para ahorrarle cualquier sufrimiento? ¿Dios juzgaría a una madre que no dejó que su hijo viniera al mundo con la intención de no dejarlo pasar necesidades?
Si estuviera en el lugar de aquella joven o, en el lugar de muchas mujeres por ahí, haría lo mismo también. Sólo Dios sabría de mi situación, de mi corazón y de mis verdaderas intenciones.
Que no me malinterpreten los que están en contra del aborto, pero, experimenten, ni que sea por un día, poner a su hijo debajo de un viaducto, andando desnudo, en el más completo frío, comiendo con usted restos de comida (residuos) del suelo. O experimente dejar a su hija de nueve, diez años a la vera de una calle, teniendo que vender su cuerpo infantil, por tres o cinco reales, para comprar un plato de comida o, hasta mismo, para sustentar su vicio.
Tengo certeza de que usted debe estar indignado, ¡pero no soy hipócrita! Si tuviera que ver a un hijo en las condiciones descriptas arriba, abortaría, con todas las letras, lástima que correría el riesgo de morir también sobre una camilla de cirugía clandestina.
¿Sería Dios un verdugo que, a todo costo, quiere que un niño venga al mundo, aún si fuera para sufrir, ser violentado, abusado, y volverse, en el futuro, en la escoria de la sociedad? No es que con todas esas criaturas suceda eso, pero con la mayoría, que nace sin condiciones de venir al mundo, puede estar seguro que sí.
¡No vamos a colar un mosquito y dejar que un camello pase por nuestras gargantas! Si usted está en contra de la legalización del aborto, entonces, debería ser el primero en adoptar un niño que está debajo de los viaductos. Cerca suyo hay uno, con seguridad. Si Dios quisiera que un niño naciese simplemente porque quiere que nazca, cueste lo que costare, entonces, Él debería, de alguna forma y, a cualquier costo, proporcionar la forma de sustentar esa vida.
Si fuera de Su voluntad que cada vida viniera al mundo, entonces, Dios debería ser el primero en ser culpado por tantas tragedias con las personas. Pero, ¿Dios será tan ambiguo, que “ordena” el nacimiento de un ser, para después dejarlo morir en la escasez?
Si fuéramos a pensar que Dios permite el aborto en caso de malformación del feto, riesgo para la madre, o estupro, Él también sería ambiguo, visto que esos fetos también son vidas. ¿Qué diferencia habría entre estos y los otros fetos? Ninguna. Un feto es un feto.
Voy a ser sincera con usted, puedo hasta estar “pecando” en pensar en el aborto de un feto, Al final, es una vida ¿correcto? Sin embargo, ¿qué vida es esta, cuando lo mejor sería haber nacido muerto?
Entre pecar por la sinceridad o pecar por la hipocresía, me quedo con la primera. Por lo menos, no sería igual a los fariseos de la época del Señor Jesús, ¡que dejaban pasar un mosquito para tragar un camello!
Reflexione, ¿Usted realmente cree que un aborto es peor que un hijo en condición infrahumana? Si eso no es hipocresía, entonces, lo llamo egoísmo.
¡Un gran abrazo!
Jaqueline Corrêa.