Archive for Diciembre, 2009
Depresión
Miércoles, Diciembre 30th, 2009
Mi propia novela romántica
Martes, Diciembre 29th, 2009La caligrafía era perfecta, la carta parecía estar toda cubierta de oro, mis ojos se pusieron azules. El sentimiento era inexplicable. No fue la carta en sí lo que convirtió ese momento en especial para mí, y sí la forma en la que todo sucedió a partir de la simple confianza en Dios. Es como si yo estuviera recibiendo mi recompensa por darle el dominio de mi vida.
Inmediatamente recordé el sacrificio en la Campaña de Israel anterior. Había sido un anillo de oro, era mi único anillo. Mi padre me lo había dado como regalo de mi cumpleaños de 15. Significaba mucho para mí, tanto que era todo lo que tenía para sacrificar. Yo no trabajaba, no tenía dinero ni nada de valor.
Después de ponerlo en el sobre, me sentí orgullosa de mi fe de cierta forma, como si, en todos esos años, finalmente hubiese hecho algo con ella. Pedí a Dios una cosa en aquel sobre, quería casarme con mi primer novio, que viniera de Él (y de nadie más).
Yo era la hija del obispo, todos querían conseguirme a alguien. A los ojos de ellos, yo estaba disponible. A mis ojos, no lo estaba. Quería que Dios me preparara a alguien porque sabía que elegiría a la persona perfecta para mí. Dios sabía de mis expectativas y entonces no sería nada más ni nada menos de lo que esperaba.
Cuando Renato (hoy mi marido), de la nada, me escribió esa carta de amor, sin al menos haberme conocido o hablado conmigo, fue como si Dios me hubiese escrito el romance perfecto.
Yo no podía parar de sonreír y tengo la sensación de que Dios tampoco.
En la fe.
Cristiane Cardoso
Carta al Sufrido
Domingo, Diciembre 27th, 2009
En el principio creó Dios los cielos y la Tierra. Y la Tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Tal vez la vida del lector esté también sin forma y vacía. Esto es, sin ninguna realización personal y vacía de objetivos. Vacía de amor, de alegría, de sueños y hasta de fe. Pero, sobrecargada de depresión. Así como en el comienzo de la creación, el Espíritu de Dios también está sobre usted. No importa lo que usted hizo o dejó de hacer. Él espera su invitación para transformar su vida, como hizo en la Tierra.
Tal vez usted ha estado cargando el peso de un pasado triste. Dolores, rencores, odio y deseo de venganza. ¿Qué hizo o hará con ese peso? ¿Qué beneficios le ha dado eso? ¡Sáquelo e invite al Espíritu de la Vida, ahora mismo, a vivir en su cuerpo!
Donde sea que usted esté, no importa. Él está sobre su cabeza. Busque un lugar privado, quizás el baño, y converse con Él. Si su charla con Él es sincera, tan cierto como Él existe, le responderá inmediatamente. ¡Y su año nuevo será diferente de todo lo que usted ya vio!
Amigos para siempre
Viernes, Diciembre 25th, 2009
El verdadero amor nunca se termina
Jueves, Diciembre 24th, 2009
El sabio y la vaquita
Martes, Diciembre 22nd, 2009
Había una vez, en una tierra lejana, un sabio chino y su discípulo. Cierto día, en su caminata, vieron a lo lejos una cabaña. Al acercarse, notaron que, a pesar de la extrema pobreza del lugar, la casita estaba habitada. En aquella zona desolada, sin plantas ni árboles, vivía un hombre, una mujer, sus tres pequeños hijos y una vaquita flaca y cansada. Con hambre y sed, el sabio y su discípulo pidieron abrigo por algunas horas. Fueron bien recibidos. En cierto momento, mientras comía, el sabio preguntó:
“Este es un lugar muy pobre, lejos de todo. ¿Cómo sobreviven?”
“¿Usted ve aquella vaca? De ella sacamos todo nuestro sustento”, dijo el jefe de la familia. Ella nos da leche, que tomamos y también transformamos en queso y cuajo. Cuando sobra, vamos a la ciudad y cambiamos la leche y el queso por otros alimentos. Es así que vivimos.
El sabio agradeció la hospitalidad y partió. Ni bien hizo la primera curva en el camino dijo al discípulo:
“Vuelva, agarre a la vaquita, llévela al precipicio de allí adelante y tírela hacia abajo.”
El discípulo no lo creyó.
“¡No puedo hacer eso, maestro! ¿Cómo puede ser tan ingrato? La vaquita es todo lo que ellos tienen. Si la tiro al precipicio, no tendrán como sobrevivir. ¡Sin la vaca, se mueren!”.
El sabio, como todos los sabios chinos, apenas respiró hondo y repitió la orden:
“Vaya y empuje a la vaca en el precipicio.”
Indignado, pero, resignado, el discípulo volvió a la cabaña y, suavemente, condujo al animal hasta el borde del abismo y lo empujó. La vaca, como era previsto, se estrelló allí abajo.
Pasaron algunos años y durante ese tiempo el remordimiento nunca abandonó al discípulo. En un cierto día de primavera, carcomido por la culpa, abandonó al sabio y decidió volver a aquel lugar. Quería ver qué era lo que había sucedido con aquella familia, ayudarla, pedirle disculpas, reparar su error de alguna manera. Al doblar por el camino, no creyó lo que sus ojos vieron. En el lugar de la cabaña desierta había un lugar maravilloso, con muchos árboles, piscina, un auto importado en el garaje, una antena parabólica. Cerca de la parrilla, había tres adolescentes robustos, celebrando con su padre el primer millón de dólares ganado. El corazón del discípulo se congeló. ¿Qué le había sucedido a esa familia? Seguro que, vencidos por el hambre, fueron obligados a vender el terreno e ir a otro lado. En ese momento, pensó el aprendiz, deben estar mendigando en alguna ciudad. Se acercó, entonces, al casero y le preguntó si sabía el paradero de la familia que había vivido allí hacía algunos años.
“Claro que sé. Usted la está mirando”, dijo el casero, apuntando a las personas alrededor de la parrilla.
Incrédulo, el discípulo pasó el portón, dio algunos pasos y, llegando cerca de la piscina, reconoció al mismo hombre de antes, sólo que más fuerte y altivo, la mujer más feliz, los chicos, que se habían convertido en saludables adolescentes. Espantado, se dirigió al hombre y le dijo:
“Pero ¿Qué sucedió? Yo estuve aquí con mi maestro hace un año y este era un lugar miserable, no había nada. ¿Qué hizo para mejorar tanto su vida en tan poco tiempo?”.
El hombre miró al discípulo, sonrió y respondió:
“Teníamos una vaquita, de la que sacábamos nuestro sustento. Era todo lo que teníamos. Pero, un día, se cayó en el precipicio y murió. Para sobrevivir, tuvimos que hacer otras cosas, desarrollar habilidades que ni sabíamos que teníamos. Y fue así, buscando nuevas soluciones, que hoy estamos mucho mejor que antes”.
(Autor desconocido).
Nuevas Fotos – Momentos de Reflexión – 21/12/2009
Lunes, Diciembre 21st, 2009
Titiburón
Domingo, Diciembre 20th, 2009
Los japoneses siempre amaron el pescado fresco. Sin embargo, las aguas cercanas al Japón no producen muchos peces hace décadas. Así, para alimentar a la población, ellos aumentaron el tamaño de sus buques pesqueros y comenzaron a pescar más lejos. Cuánto más lejos iban, más tiempo tomaba llegar con los pescados. Si el viaje de vuelta llevaba más que algunos días, el pescado ya no era fresco. Y a los japoneses no les gustaba el sabor de estos pescados. Para resolver el problema, las empresas pesqueras instalaron congeladores en sus barcos. Pescaban y congelaban los peces en altamar. Los congeladores permitían que los pesqueros fueran más lejos y quedasen en altamar por mucho más tiempo. Aún así, notaron la diferencia entre el pescado fresco y el congelado y no les gustó.
Entonces, las empresas de pesca instalaron tanques de peces en los barcos pesqueros. Ellos pescaban y los ponían en los tanques, “como sardinas”. Después de un tiempo, por la falta de espacio, los peces paraban de luchar y no se movían más. Entonces, llegaban vivos, pero cansados y abatidos. Y, nuevamente, los japoneses podían notar la diferencia en el gusto. Por no moverse durante días, los peces perdían el sabor a fresco. Los japoneses preferían el sabor del pescado fresco y no el sabor del pescado apático. Entonces, ¿resolvieron el problema? ¿Lograron traer los peces con puro sabor a fresco?
Cuando las personas alcanzan rápido sus objetivos, pueden descansar en las demás conquistas. ¡Y ahí está el gran peligro! Pueden empezar a pensar que no necesitan buscar tanto.
Para conservar el sabor del pescado fresco, los pesqueros siguen poniendo a los peces dentro de los tanques. Además de eso, también ponen un pequeño tiburón en cada tanque. El tiburón se come algunos peces, pero la mayoría de ellos llega “bien vivos” al mercado. Los peces se mantienen atentos todo el tiempo.
Si usted ya alcanzó sus objetivos, ponga otros mayores. Una vez que alcanzó sus necesidades personales y familiares, dé gracias a Dios y siga adelante en la conquista de mayores realizaciones. Pero nunca se acomode en la fe, ponga un tiburón en su tanque.
¡Que Dios bendiga con victorias a los perseverantes!
38
Viernes, Diciembre 18th, 2009
En este día, hace 38 años, Ester y yo realizamos nuestro segundo mayor sueño: unificamos nuestras vidas. Fue un acto de fe seguido de amor. Esa sociedad física simbolizaba la espiritual que habíamos tenido hace años cuando, por la misma fe, dedicamos nuestras vidas al Señor Jesucristo.
Recuerdo bien el sentimiento dentro de mí. Ella tipificaba la Iglesia del Señor. Teníamos plena convicción que nuestra mutua lealtad reflejaba la nuestra con Dios. Si no era posible cultivar fe y amor con alguien visible, ¿cómo sería con Alguien invisible?
Nuestra unión iba viento en popa. Pero la llegada de Cris interrumpió la luna de miel. Fui puesto a un costado. Su encanto y belleza ocuparon mi lugar. Y, entonces, entramos en un período de adaptación. No fue fácil. Pero con la llegada de Vivi, marcada por el dolor y la humillación, nuestra unión quedó sellada. Aprendimos mucho más a depender uno del otro. Exactamente como acontece en la relación con Dios. Las tribulaciones operan en la práctica de la fe y del amor y estrechan la comunión con Él. Por eso Pablo dijo: “… también nos gloriamos en las tribulaciones.” (Romanos 5.3).
Hoy, después de tantas luchas, humillaciones, lágrimas y dolores, podemos testimoniar para los que vienen atrás: no hemos completado la carrera, pero si hemos, combatido el buen combate y guardado la fe.
Hasta aquí nos ayudó el Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.
¡Sean bendecidos los que creen!
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