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Obispo Edir Macedo - Mi blog personal » 2010 » Febrero
Domingo, 21 de Marzo de 2010

Archive for Febrero, 2010

Nuevas Fotos – Momentos de Reflexión – 28/02/2010

Domingo, Febrero 28th, 2010

Sexo con el diablo - Capítulos 9 y 10

Viernes, Febrero 26th, 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8”

Durante el día, todo parecía normal (para los que convivían conmigo). Pero la figura del ángel/demonio se tornó la mayor persecución: donde quiera que yo estuviese, allí estaba él (en las clases, en la calle, en el carro, donde quiera que yo estuviera allí estaba él pegado a mí), siempre susurrando a mí oído: “¡Eres mía! No puedes huir de mí. ¡Voy, a matarte!” La voz de él siempre dentro de mí, dentro de mí oído.
En la noche, yo salía y bailaba en fiestas particulares para la alta sociedad, pero ningún hombre me podía tocar, porque yo, poseída por el ángel/demonio, era muy agresiva, y usaba un chicote en mis danzas.
“Amitaf, la poseedora de la noche.” Alguien que intentase tocarme mientras yo danzaba corría el riesgo de llevar un chicotazo, pero aquellas personas lo creían lo máximo.

En una de esas salidas nocturnas, cuando llegué a casa en la compañía del descarado del ángel, mi tormento diario, él me dijo: “¡Hoy serás mía, mía!” Yo quede aterrorizada.
Vivía con mi hijo y una empleada. Ellos ya dormían. Yo estaba con tanto miedo porque dejé de ver al ángel, pero sentía su presencia, su olor, lo negro de su ropa cerca de mí (ahí, ¡estaba loca!); yo temblaba toda.

El ángel ya había intentado tocarme varias veces, porque, a veces, yo sentía las manos de él recorriendo mis piernas y yo siempre le gritaba: “¡Suéltame, déjame! Sale de aquí. Tu no me tocas.” Y él se detenía. Pero, esa noche, yo sentía que él iba hacerme alguna cosa mayor, pues mi corazón latía muy acelerado. Así vivía yo.

En aquella noche, el ángel me paralizó en la cama. Las manos de él me sofocaban el cuello. Pensé que él me mataría en aquel momento, cuando, de repente, sentí el peso de un hombre sobre mi cuerpo; un dolor que penetraba mi cuerpo, mi vientre. Todo mi cuerpo traspirado, sus manos me acariciaban, me lastimaban. Yo no conseguía moverme, gritar, hablar, huir. Estaba siendo poseída por un hombre invisible, un hombre que nadie veía. Estaba loca, pero aquello estaba sucediendo realmente conmigo.
Fue una penetración dolorosa y prolongada. Cuando el ángel/demonio descarado termino su servicio yo estaba toda mojada. Quedé por mucho tiempo en la cama hasta poder moverme y conseguir levantarme para ir al baño. Cuando me levanté, casi me volví a caer.

¿Y, cómo hablar de esto? ¿Y a quién? Estaba manteniendo relaciones sexuales con una cosa invisible (nadie, pero nadie en el mundo iría a creer).

Al día siguiente, casi no conseguía andar por los dolores que sentía en mis huesos. Yo era profesora de gimnasia y nunca había sentido tremendos dolores en los huesos y en los músculos como en aquel momento.

A partir de ese instante sólo un pensamiento me venía a la cabeza: matarlo. ¿Pero, cómo, si él aparecía y desaparecía? Entonces comencé a pensar en matarme.

El ángel/demonio comenzó a usar mi cuerpo y me decía: “Eres mi mujer, eres mía.” Y pasé a tener un ángel/demonio como un marido invisible. Es cosa de loco. Yo estaba loca.

El ángel jamás dejaba que algún hombre se me acerque y si lo hacía terminaría mal. Fueron años de sufrimiento, tortura. Él usaba y abusaba de mi cuerpo, me violaba, me estupraba. Yo sufría callada, me sentía sucia, humillada; lo odiaba.

Increíble poder creer que se tiene un marido (espíritu, algo invisible). Yo lo odiaba. Odiaba aquello que él me hacía. Yo tenía noches de masturbación infernal, dolorosas, con el peso de la mano de él sobre mí (¿cómo contar esto? Nadie va a creerme, Nadie). Yo siempre digo que si alguien se masturba, puede tener la certeza que un espíritu está allí presente con la persona (crean si quieren, pero yo, Fátima, pasé por eso).

El ángel/demonio se apoderaba de mi cuerpo de una forma, que varias veces yo estaba en un lugar y cuando volvía en sí estaba en otro. Él usaba mi cuerpo. Esa es la razón por la cual varias veces yo no conseguía recordar cómo había llegado a aquel lugar. Lo que había hecho, lo que había sucedido. No, no, yo no soy loca, decía yo para mí misma varias veces.

Y él siempre hablando a mí oído: “¡Ve, matate, matate!”

En la calle yo siempre aparentaba ser feliz. Las personas, especialmente hombres me decían: “Eres bonita.” Yo me veía la mujer más fea y horrible. Yo cubría los espejos de mi casa para no verme.

En casa sofría con depresión, tristeza. Yo lloraba mucho, fumaba a cada instante y el tal ángel sólo me decía: “¡Ve, fuma perra!” Eran exactamente esas palabras las que usaba: “Fuma, fuma, soy yo que quiero que tu fumes.”

Yo sólo pensaba en morir, morir. Muchas veces, intenté matar a mi hijo, pues el ángel quería matarlo. Él quería a mi hijo desde el día que nació. Llegué a abandonar a mi hijo en medio de la noche en un lugar llamado Mata dos Medos, donde se hacen trabajos de brujería, hechicería y otras cosas más. Pero el Dios misericordioso me llamó a la razón de madre y volví atrás, yendo a buscarlo.

Como me lastima traer eso a mi memoria de nuevo, porque aún hoy mi hijo, ya adulto, se acuerda de ese momento. ¡Oh, Dios!

Yo sólo pensaba en terminar con mi vida. ¿Cómo decirles a mis padres la vida que llevaba? ¿Cómo es que las personas irían a reaccionar? Si yo hablase del ángel, sería internada en el hospital. ¡No, no! Sólo la muerte era la salida.

De día era una profesora (bien disfrazada), pero completamente drogada. Y de noche yo era Amitaf, otra persona. Nadie con quien hablar.

Yo hablaba con mi madre, y ella, pobrecita, intentaba ayudarme. Nosotros íbamos a los brujos, todos nosotros íbamos. Pensábamos que era normal porque hasta los médicos nos mandaban hacerlo. Los brujos (medicina popular), usaban también un crucifijo, como en la iglesia. Nosotros pensábamos que habíamos encontrado la solución.

Sin embargo, lo cierto era que yo no conseguía que pare de molestarme. Yo era violada todas las noches por un hombre que nadie veía. Yo estaba por quedar loca. ¿Cómo salir de ese tormento? ¿Cómo? Estaba yo en un callejón sin salida.

Sólo la muerte me haría escapar de las manos de él, eso pensaba yo.

Muriendo, el ángel/demonio ya no me molestaría.

Nosotras éramos religiosas. Mi madre y yo hacíamos promesas a una imagen (de nombre Fátima). Gracioso como el tal ángel/demonio jugaba con nuestras creencias religiosas y ceguera espiritual.

Cuando me casé (si ustedes se acuerdan, en los capítulos anteriores), yo dije que él, el ángel, me mandó comprar una ropa especial de novia, un Sari indiano.

Mi Sari vino desde la India, tanto que las personas lo encontraron extraño. Las personas tenían la idea de creerme extravagante.

Ese conjunto de Sari había un manto que él, el ángel, me mandaba ofrendar a tal imagen de Fátima. Pensaba que estaba haciendo algo para ser feliz en mi matrimonio.

Un día, estando en casa de mi madre, con él siempre persiguiéndome, en mi cuarto de la infancia, el ángel/demonio estaba bombardeándome con ideas suicidas y me decía: “Voy a matarte. Voy a matar a tu hijo. ¡Voy a matar a toda tu familia!” Y comencé a decirle: “¡No vas! Tu no eres un ángel; eres malo. ¡Tu eres un puerco, te odio!” Él se enfureció y me empujó contra la pared. Mi madre lo oyó y me preguntó, yendo a mi encuentro: “¿Faty, quien está ahí contigo?” Yo le pregunte a mi madre: “¿Madre, usted me oyó? ¡Es él, él!”

A partir de ese momento, mi madre comenzó a ser atacada por él. Ella pasó a oírlo. Él nos decía que iría a matarnos a todos, a toda mi familia. Mi madre parecía una loca, estaba pasando lo mismo que yo, sólo que apenas yo lo veía y oía; ella apenas lo oía.

Llamamos a brujos y médicos. Mis familiares quisieron llevar a mi madre para el hospital. Yo grité: “¡No, nunca! ¡Nadie interna a mi madre!” Estábamos siendo blanco del tal ángel. Él quería matarnos a todos. A mi familia no le gusta hablar de eso, pues es motivo de vergüenza.

Yo estaba viéndolo decir a mi madre que iría a matar a los hijos. Él ahorcó a mi cuñada y mi sobrino pequeño lo vio.

El ángel empujaba a mi madre. Ella lo empujaba.

Vino un brujo a nuestra casa y nos dijo que toda la familia se reuniese en el pasillo e hiciéramos la oración del Padre Nuestro a la medianoche. Y así lo hicimos. Yo les decía: “Él está enfrente nuestro, diciendo el Padre Nuestro de atrás para adelante.”

Otro brujo fue a casa. Escupía fuego por la boca y casi quemó a mi madre. Pobrecita de mi madre, estaba siendo atacada por el ángel malo; él iba a matar a mi madre. Mi querida madre ahora también pasaba los días siendo atacada por él.

Otro brujo nos dijo que esfumaría con aquello estaba en la casa. Que nada. El tal brujo envió más (demonios, bichos), porque yo los veía; eran como animales deformados.

Esa noche, que el tal brujo habló que sacaría aquello de allí, pobre de mi familia: mi hermana estaba con mucho miedo; fue a dormir conmigo y con mi hijo. El descarado se instaló para vivir en nuestra casa.

Mi madre empeoró. Ella no sólo oía la voz del ángel, también la de todos los otros (ángeles malos) que estaban con él.

Yo nunca dejé que la internasen. Al mismo tiempo, el descarado del ángel continuaba molestándome y abusando de mi, diciendo que toda mi familia era de él.

Conversando con mi familia, quedé sabiendo que cuando era un bebé tuve un problema (yo aún estaba en São Tomé e Príncipe), y mis padres, pobrecitos, me llevaron a un curandero. Hoy yo se que fue por ser tan ignorantes del verdadero camino que esa acción repercutiría en el futuro. Fue cuando fui presentada y ofrecida a este dicho ángel. Nosotros no lo sabíamos.

Mi madre ya no podía salir a las calles porque, si ella lo hacía, el tal ángel intentaba matarla.
Un día, mi padre encontró una señora, amiga de la familia, que había oído hablar de lo que estaba pasando con mi madre y de cómo ellos estaban sufriendo con lo que me estaba sucediendo.

Ella le dijo a mi padre: “Vea, yo voy a un lugar. Es una iglesia adónde se hacen oraciones fuertes. ¡Quién sabe ellos consigan ayudarla!” Y dio a mi padre una revista llamada Maria, que tenía la dirección.

El egoísta

Jueves, Febrero 25th, 2010

blog25022010

Lo esencial de la vida puede ser resumido en una palabra: dar. El Señor Jesús resume todos los mandamientos en apenas dos: “Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Amar a Dios sobre TODAS las cosas es darse por entero a su Creador. Amar al prójimo como así mismo es darse a alguien sin esperar nada a cambio, por el pleno ejercicio de amar por obediencia a Dios.

No son actitudes fáciles para ningún mortal. Pero, para los egoístas, eso es prácticamente imposible. El egoísta ve apenas para sí mismo como centro de todas las cosas, creyendo que todo y todos existen por él y para él.

El mundo gira alrededor del ombligo del egoísta, y eso, obviamente, limita su visión a apenas a una palma de diámetro de sí mismo. Así, podemos concluir que el egoísta se torna Dios de sí mismo. Él se basta, por eso jamás conseguirá reconocer un Dios soberano, Creador de todas las cosas, simplemente porque no le pasa por la cabeza que haya algo o alguien, por encima de él, que sea relevante para el mundo.

Uno de los lemas más comunes del egoísta es: “¡Lo importante es ser feliz, no importa cómo!” Eso quiere decir que a él no le importa si su felicidad es a costa de la tristeza o infelicidad de alguien. La felicidad del egoísta habita en el alma y no en el espíritu, por eso, las Leyes y Mandamientos Divinos no pueden jamás cercear el placer que agrada la carne.

La política es uno de los escenarios que reúne más ejemplos de hombres egoístas. Cuando este tipo de gente se elige y tiene poder público, dentro de ellos hay una voz que los estimula: “¡Ahora nadie me detiene! El pueblo no importa.” Pero, infelizmente, este comportamiento se repite seguido en diversos perfiles de personas: los corruptos, los deshonestos, los infieles, los traidores, los criminales, entre tantos otros, independiente de clase social.

Compartir, dividir, donar, entregar, sacrificar, proteger…no son verbos que el egoísta conjugue. Sobre estas personas, el Espíritu de Dios dijo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios…” (II Timoteo 3:1-4)

Sexo con el diablo - Capítulo 7 y 8

Miércoles, Febrero 24th, 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5 y 6

Termine escapando de mi marido y de la relación enferma de a tres (pero éramos cuatro porque solo yo veía al ángel/demonio).

Cinco años vividos con la amante, un hijo, y 10 años llenos de angustia, desilusiones, amargura, y con mucho odio. Un odio y un deseo de ver muerte, sangre. Yo solo tenía ansias de matar, así comenzó mi recorrido al infierno.

Conocí a alguien que me mostró el camino de la cocaína, pero antes de conocerla, consumí LSD, ácidos, Valium, Repenol, liamba, opio y además, tomaba unos comprimidos que me mantenían calma, pero en mi organismo causaba una reacción totalmente contraria. Así que los tomaba, yo destrozaba todo, y me volvía muy agresiva. Los médicos decían que era imposible y de no creer porque los remedios eran para dormir, pero el tal ángel me dejaba agresiva.

Después de haberme separado, día y noche solo planeaba la forma de matarlos. Tenía tanto odia, un odio ciego, al punto de hacer planes de como los mataría.
Llegué a pagarle a alguien para hacerlo, pero gracias a Dios esa persona conocía bien mi forma de ser y me devolvió el dinero, diciéndome: “Fátima, yo sé que no querés hacer esto.” Aun así quedé enfadada con él (pero menos mal que Dios no lo permitió).

El se rehusó a hacerlo. Así que, decidí hacerlo: le apunte el arma a la cabeza de mi marido. El descarado ángel/demonio me decía al oído: “Mátalo, mátalo. ¡Vamos, eres una cobarde; mátalo ahora, mátalo!”

Durante el día parecía normal. Volví a dar clases, pero a la noche era otra persona: Consumía mucha cocaína y fumaba base (crack), pero en cantidades exorbitantes por la noche.
Podría gastar, a aquellas alturas 600 “duros” (la moneda en Portugal, en esa época era la Lira) o más. Me envolví con gente muy peligrosa y de la alta sociedad.

En aquel momento, el tal ángel/demonio era señor de mi cuerpo, alma y vida.

Ahora era una loca disfrazada (yo solo quería que desapareciera de mi vida). El tal ángel/demonio no dejaba a ningún hombre que se me acerque. Cuando eso sucedía, el quedaba furioso: me pegaba, intentaba asfixiarme, casi me mató. Yo aparecía con hematomas y las personas decían que yo mismo me los hacia. Estaba en el abismo. ¿Cómo hablar de esto con alguien si nadie lo creería? Aunque yo iba a iglesias, brujos y cartomantes…

Pasé horas en una bañera cubierta con sabanas blancas y sangre de gallina derramada sobre mi cabeza. Cada vez que terminaba de hacer un trabajo, el descarado del ángel se reía de mí. Yo lo veía y él me decía: “Mata a tu hijo. ¡Vamos, mátalo!”

Intente varias veces matar a mi hijo (pero la misericordia de Dios no lo permitió). Cuando recuerdo estos momentos de mi vida, no consigo contener las lagrimas, porque la compasión de Dios fue grande.

Vivía atormentada día y noche. El me tiraba de los pelos, me empujaba, era un sufrimiento en silencio.

Cualquier hombre que intentase enamorarme, o si yo buscase a alguien, el ángel lo mataba. Sucedían cosas muy extrañas con ellos, que me obligaban a abandonarlos.

Yo andaba armada con una nueve milímetros (pistola automática) y un látigo; era muy agresiva. Golpeaba a los hombres con que salía. El ángel llevo a la cárcel a uno de mis enamorados sin causa o explicación. Otro sufrió un accidente fatal y murió. Cualquier persona que se me acercara estaría en peligro.

Mi vida era horrible. Yo solo quería cocaína. Inhalaba, fumaba crack, pero, como dije, era dos personas, dos personalidades. El mundo que me rodeaba desconfiaba, pero yo creía que lo tenía controlado. De día, parecía una persona normal, pero no lo era: fumaba más de 30 charros (haxixe y liamba) por día. ¿Cómo ser normal cuando estaba completamente drogada?

Fidelidad

Martes, Febrero 23rd, 2010

El acto conyugal

Lunes, Febrero 22nd, 2010

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El acto conyugal se trata de la relación sexual entre el marido y su mujer. ¿Qué se puede o no en ese acto? La Biblia no especifica cómo se debe hacerlo. Apenas advierte a lo que es contrario a la naturaleza (Romanos 1:26).

A mi modo de ver, contrario a la naturaleza significa todo lo que distorsione la armonía entre Dios, el ser humano y la naturaleza.

En el sexo anal, el recto es agredido con una intromisión extraña a su naturaleza. Él no está en la función de recibir, mas de expedir. ¿Expedir qué? heces, excremento. Las heces son la basura del cuerpo humano. Usar el ano como objeto de placer es lo mismo que degustar una rica cena de a dos en medio de un basurero. No tiene sentido. Es cuestión de higiene, de salud y, sobretodo, de inteligencia.
Sin embargo, cada uno es dueño de su propio cuerpo y hace de él lo que mejor le parece. Por eso, nos fue dado el libre albedrio.

El cristiano sabe que su cuerpo es templo del Espíritu de Dios. Y como tal, no acepta someterse a nada contrario a la naturaleza.

Leer más:

- Dudas sobre el sexo

- La intimidad de la pareja

-Bendito condón

-La fe y el sexo

-Lo que puedo y lo que no puedo hacer

Sexo con el diablo - Capítulo 6

Domingo, Febrero 21st, 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, y 5

Por un tiempo pensé que el tal ángel había desaparecido. Intentaba llevar una vida normal. Era dueña de un restaurante y también hacía algo que me gustaba: daba clases en un gimnasio.

Pero, después de un tiempo, ahí estaba de nuevo, el tal ángel. Ahora el estaba más furioso como nunca lo había visto, y estaba siempre cerca de mi hijo. Yo no decía nada porque no quería ir otra vez al hospital.

Mi matrimonio continuaba siendo una mentira. Yo continuaba fumando drogas y, esta vez, consumía doce comprimidos por día.

Mi marido continuaba traicionándome y nuestra relación era pésima, aunque tuviéramos negocios (restaurantes, buenos carros). Todos pensaban que estaba bien – ¡MENTIRA!

Yo sufría una crisis nerviosa que él, ángel/demonio, se apoderaba de mi cuerpo, tanto que la madrina de mi hijo decía (cuando me calmaba): “¡Fátima, parecía que tenías al diablo en tu cuerpo!”

Mi marido embarazo a su amante, pero antes de ese embarazo ella ya había hecho un aborto de él. Yo sufría bastante, pero no lo dejaba. Yo quería hacerlo, pero mi madre me decía: “No, hija, divorcio no.” Entonces, yo aguantaba, siendo lastimada, humillada y atormentada.

Las drogas eran mi compañía. Fumaba más de 20 charros (hachís, marihuana, etc.) por día, junto con los 12 comprimidos.

Intente matarme por segunda vez. La primera vez, no pude. La otra vez tome una dosis alta de comprimidos con alcohol. Y sobreviví.

Ya no me importaba nada. Fingía ser feliz. Todo el mundo pensaba que ya había superado mis problemas. Mentira. Pero, unos pocos amigos veían que algo extraño sucedía en mi vida.

Otras pensaban: “¡Fátima es muy loca; es lo máximo!” Comencé a leer las palmas de las manos y les decía que era el ángel, pero ellos continuaban pensando que estaba sobre los efectos de las drogas. Y me decían: “estas fumando mucho, chica.”

El hijo de la amante nació. Otra puñalada en el pecho. ¡Que odio sentí!

Una mañana de mucho sol estaba preparándome para buscar a mi padre en cais de Alcântara. El ángel/demonio hizo que viera la foto del bebé en la billetera de mi esposo, y el tal ángel me dijo: “Vamos, vamos ahórcalo. ¡Ahorca a tu marido!”

Fui a ver a mi marido en la habitación e intente matarlo. Una discusión infernal comenzó. A esa altura, estaba con nosotros una amiga en casa que se quedo algunos días. Yo vivía cerca de la playa, entonces, varias amigas tenían el habito de pasar algunos días allí.

Mi amiga entro en mi habitación, lo sacó a mi hijo y lo llevó al patio. Yo tome un cuchillo para matar a mi marido y ella intentaba empujarme hacia fuera, al patio.

Solo sé que la que termino bañada en sangre fui yo. Por poco no quedé sin mano y paralizada. Toda ensangrentada, no sentí el corte (el descarado ángel estaba dentro de mi).

Todo esto fue pasando…

Sexo con el diablo - Capítulo 5

Sábado, Febrero 20th, 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3 y 4”

Me desperté por la mañana (Semana Santa) con el tal ángel intentando sofocarme. Salté de la cama y mi hijo se despertó. Estaba con hambre. Mi hermana y mi ahijada estaban pasando el feriado de la Pascua en mi casa. Ellas se despertaron con mis gritos, pues el ángel me atormentaba con un aire agresivo, diciendo: “Hoy voy a matarte y también a tu hijo.” Mi marido en el cuarto no daba mucha atención, pero quedaba con un aire asustado.

Las puertas y las ventanas de mi casa se trababan. Un viento movía las cortinas inexplicablemente y el ángel/demonio me decía varias veces que en aquel día yo moriría y se llevaría a mi hijo.

Los objetos se movían, intentando alcanzarnos, y él repitiendo varias veces que iría a matar a mi hijo. Yo le decía a mi hermana y a mi ahijada: “¡Vamos, vamos deprisa!” Pero las puertas no se abrían y no conseguíamos salir. Hasta que Dios nos ayudó y la puerta de la calle se abrió, pero la puerta del garaje no se abría. Era como si estuviésemos viviendo un filme de terror despiertas. No era imaginación, no era una pesadilla, era real y muy real.

Los niños estaban aterrorizados. Una tenía 10 años y la otra, 12. Y tengo que afirmar que esos niños no se drogaban, y lo que yo estaba pasando tampoco era efecto de las drogas, pues yo estaba acostumbrada a ver al ángel/demonio desde los 6 años – ¡NO ERA EFECTO DE LAS DROGAS!

Él iba a matarnos a mi y a mi hijo. Conseguimos entrar en el carro y huir (pensábamos nosotros), mas el tal ángel interrumpía el andar del carro. Yo manejaba a alta velocidad. Los niños se lanzaban sobre mi hijo para protegerlo. Una de las niñas era mi hermana. Habíamos traído al niño en pañales y apenas con un saquito. Yo intentaba ver a mi hijo, y con miedo de que él lo matase, conducía el carro desesperadamente. Fue Dios quien nos guió.

Al llegar a la casa de mi madre, intenté hablar, pero no salía sonido de mi boca. Yo sólo escupía, escupía; una saliva muy blanca. Y de esos momentos (porque existen momentos que yo no consigo recordar), supe por familiares que presenciaron esas cosas que escupía tanta saliva, que fue preciso ser usada una frazada. No estoy exagerando.

Nadie veía al tal ángel/demonio, pero me dijeron que yo hablaba con alguien. Hubo quien dijo que aquello era brujería, hechicería, plaga, pero lo cierto es que el tal ángel estaba allí, en el mismo cuarto, donde yo había hecho el pacto con él para matarme.

Él decía: “¡Dame todo el oro que yo te di!” Y me dijeron que yo tiraba todo el oro en el piso. Se llevaron a mi hijo lejos de mí, porque me dijeron que yo misma era quien quería matarlo. Hoy yo se que estaba completamente poseída por él (ángel). Él estaba dentro de mi cuerpo.

Llamaron a los médicos, que nada pudieron hacer. Hasta los brujos a los que me llevaron dijeron: “No podemos hacer nada en esta Semana Santa.”

Me llevaron a la Iglesia Católica, y nada pudieron hacer. Dicen que no conseguían controlarme. Estaba completamente poseída, loca, y que gritaba, gritaba y rasgaba toda mi ropa. Hasta que me llevaron para el Miguel Bombarda (hospital psiquiátrico). ¿Estaba loca?

Allá, reventé una camisa de fuerza. Tuvieron que atarme a la cama, y la cama se levantaba del suelo. Pasaron tres días y volví a un estado de normalidad. Toda mi familia, amigos, vecinos, fueron a visitarme. En aquel momento, yo sentía un odio hacía mi marido, de la familia de él, que hasta me dolía el pecho, y yo no conseguía saber porque lo odiaba tanto.

Una junta médica se reunió, me llamó y preguntó si yo estaba loca. ¡Respondí agresivamente que no! Entonces, ellos mandaron llamar a mis padres, y nos dijeron lo siguiente: “La hija de ustedes no está loca; no conseguimos encontrar ninguna explicación para lo que le sucedió. Nuestro consejo es que si ustedes quisieran, llévenla a la medicina popular (brujos).” Y al día siguiente me dieron el alta. Salí del hospital.

Tv para que me vean

Jueves, Febrero 18th, 2010

¡Dramático llamado!

Miércoles, Febrero 17th, 2010

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Mi nombre es Patricia, tengo 17 años, y me encuentro, en este momento, casi sin fuerzas, pero le pedí a la enfermera Dane, mi amiga, que escriba esta carta que será dirigida a los jóvenes de todo Brasil, antes de que sea demasiado tarde:

“Era una joven ‘sana’, criada en una excelente familia de clase media alta, en Florianópolis. Mi padre es ingeniero electrónico de una gran empresa y buscó dar siempre, a mis hermanos y a mí, todo lo bueno y lo mejor, incluso libertad, que nunca supe aprovechar.

A los 13 años, gané un concurso para modelo y maniquí de una gran agencia de modelos, y fue hasta el final del concurso que seleccionó extras para un importante programa de televisión. Fui también seleccionada para hacer un book en otra gran agencia de modelos, en San Pablo.

Siempre me destaqué por mi belleza física. Llamaba la atención por donde sea que pasara.

Estudiaba en el mejor colegio de Florianópolis. Tenía a todos los chicos del colegio a mis pies.

En los fines de semana, iba a shoppings, playas, cines; probaba con mis amigas todo lo mejor que la vida puede ofrecer a las personas ‘sanas’, física y mentalmente.

Pero, como la vida nos tiene reservadas algunas sorpresas, mi destino empezó a cambiar en octubre de 2004. Fui con un grupo de amigos para el Oktoberfest, en Blumenau (Santa Catarina).

Mis padres confiaban en mí y me dejaron ir sin más apego. En Blumenau, encontré todo bien. Hicimos un ‘ejercicio’ en Bude, un famoso bar en la Calle XV.

A la noche, fuimos al ‘Proeb’ y en el ‘Pabellón Gallego’ había un show sencillo de la banda Cavallito Blanco.

Aquel grupo de gente era ‘trimaneira’.

Yo ya había probado algunas bebidas. Tomaba, a escondidas de mi madre, el Licor Amarula, pero nunca me había emborrachado.

El jueves, primer día del Oktoberfest, tomé mi primer chopp de cerveza.

¡Qué buena sensación! Pasé toda la noche ‘tontita’. Besé a unos 10 chicos. Incluso, mis amigas ponían la cerveza en una mamadera, mezclado con guaraná para engañar a los ‘meganhas’ (policías), porque un menor de edad no podía beber. Pero tomamos toda la noche y los ‘otarios’ no se dieron cuenta.

Allá por las 4 de la mañana, me llevaron al Puesto Sanitario, casi en un coma alcohólico, en una camilla de los bomberos.

Me dieron unas inyecciones de glucosa para que mejore. Cuando fui al departamento, casi vomito las tripas, pero mi grito de libertad ya había sido dado.

Al día siguiente, aquel dolor de cabeza horrible, un malestar de aquellos, como un síndrome pre-menstrual.

El sábado, conocimos a un grupo de San Pablo, que alquilaba un departamento en el mismo edificio. Nadie imaginaba que en ese mismo día me estaban presentando a mi futuro asesino.

Tomé un poco el sábado. La fiesta no estaba buena, pero a eso de las 5:30 de la mañana fuimos al ‘depto’ de los chicos para pasar el resto de la noche. Había de todo y me presentaron el famoso ‘porro’ (cigarrillo de marihuana), que me ofrecieron.

Al principio, me resistí, pero me dijeron ‘Catarina careta’. Pudieron con nuestros nervios y terminamos experimentando. Tuve una sensación exquisita, de bajo astral, pero, al día siguiente, antes de salir, experimenté nuevamente.

El mayor del grupo, ‘Marcos’, hacía carreritas y aspiraba un polvo blanco que descubrí que era cocaína. Me ofrecieron, pero no tuve valor aquel día.

Regresamos a ‘Floripa’, pero percibí que algo había cambiado. Sentía la necesidad de buscar nuevas experiencias, y no tardé mucho en encontrarme con mi asesino: ‘DROGAS’.

Al poco tiempo, mis mejores amigos fueron apartándose cuando comencé a envolverme con un grupo pesado y, sin darme cuenta, ya era una químico-dependiente, a partir del momento en que la droga comenzó a formar parte de mi cotidianeidad.

Hice viajes alucinantes, fumé marihuana, mezclada con estiércol de caballo, probé cocaína mezclada con un montón de basura.

El grupo y yo descubrimos que mezclando cocaína con sangre, su efecto era más fuerte y, al poco tiempo, no compartíamos la jeringa, y sí la sangre que cada uno cedía para diluir el polvo.

Al principio, mi mesada cubría mis gastos con las malditas, porque el grupo las repartía y el precio era accesible. Empecé a comprar la ‘blanca’ a R$10,00 el gramo, pero no tardé mucho en conseguir solamente a R$20,00 la buena, y yo necesitaba, como mínimo, cinco dosis diarias.

Salía los viernes y volvía los domingos con mis ‘nuevos amigos’. A veces, conseguíamos ‘éxtasis’. Bailábamos en los ‘points’ toda la noche y después… ¡fiesta!

Mi comportamiento había cambiado en casa. Mis padres se habían dado cuenta, pero al principio lo disfrazaba y les decía que ellos no tenían nada que ver con mi vida.

Empecé a robar en casa pequeñas cosas para vender o cambiar por drogas. Al poco tiempo, el dinero empezó a faltar y para conseguirlo me prostituía con unos viejos que pagaban bien.

Sentía enojo por vender mi cuerpo, pero era necesario para conseguir dinero. Al poco tiempo, toda mi familia se fue resquebrajando.

Fui internada varias veces en clínicas de recuperación. Mis padres, siempre con mucho amor, gastaban fortunas para tratar de revertir el cuadro.

Cuando salía de la clínica, aguantaba algunos días, pero luego me estaba picando nuevamente. Dejé todo: escuela, buenos amigos y familia.

En diciembre de 2007, fue decretada mi sentencia de muerte. Descubrí que había contraído el virus del SIDA, no sé si picándome, o a través de relaciones sexuales, muchas veces, sin condón.

Le debo haber contagiado el virus a un montón de gente, porque los hombre pagaban más para tener sexo sin condón.

Al poco tiempo, mis valores, que sólo ahora reconozco, fueron acabándose: familia, amigos, padres, religión, Dios – hasta Dios – todo me parecía ridículo.

Mi padre y mi madre hicieron todo, por eso nunca voy a dejar de amarlos. Ellos me dieron el bien más preciado que es la vida y yo la tiré al caño.

Estoy internada, pesando 24 Kg. horrible. No quiero recibir visitas porque no pueden verme así. No sé hasta cuando sobreviviré, pero, de lo más profundo de mi corazón, le pido a los jóvenes que no entren en este viaje de locura.

Usted, con seguridad, se va a arrepentir así como yo, pero creo que es demasiado tarde para mí”.

OBS: Patricia se encontraba internada en el Hospital Universitario de Florianópolis y la enfermera Danelise, que la cuidaba, comunicó que Patricia murió 14 horas después que escribieron esta carta, de un paro cardiorrespiratorio como consecuencia del SIDA.



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