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Obispo Edir Macedo - Mi blog personal » Mensajes
Lunes, 22 de Marzo de 2010

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El obispo responde – Mas-turbación

Sábado, Marzo 20th, 2010

Pregunta:

Obispo Macedo, mi nombre es Werick, yo tengo 16 años y quería saber si la masturbación es normal o no. Cuando me vienen pensamientos de masturbarme, yo intento resistir, pero es más fuerte que yo. Tengo 8 años en la IURD y cuando yo voy a hablar con Dios Le pido que me de mucha fuerza, pero no siento esa fuerza. Quedo muy triste por hacer eso. Por favor, ayudeme, obispo. Dios lo bendiga señor.

Respuesta:

Mi querido Werick,

Su duda es, en verdad, la de la mayoría de las personas. Especialmente cuando se trata de cristianos sinceros. Le pedí a la médica dra. Eunice Higuchi que diese un comentario científico sobre el tema. Ella me lo retornó diciendo:

Obispo,

La masturbación, debido principalmente a los estudios de la Sexología, es entendida como una práctica normal en la infancia, adolescencia, en la fase adulta y la vejez.

En la adolescencia (de los 10 a los 20 años), la producción de hormonas sexuales, nuevos intereses descubrimientos propios de esa fase, provocan un deseo sexual de mayor intensidad, siendo la masturbación una forma de aliviar la tensión sexual y de conocimiento y descubrimientos del propio cuerpo. Inclusive, hace parte de un aprendizaje importante para la satisfacción sexual en la vida adulta. Pero, esta es preocupante cuando es practicada de una manera compulsiva, perjudicando el desarrollo de otras áreas de la vida (estudios, deportes, vida social, etc) o cuando es practicada con objetos que puedan causar lesiones. En esas dos circunstancias, sería aconsejable buscar un médico.
Espiritualmente, la masturbación es una inclinación carnal. El acto en sí no es pecado. Pero, sí, el motivo por el cual es hecho. O sea, el pensamiento que lo motiva. Conciliar la buena conciencia cristiana y tal práctica es imposible, pienso yo. Qué hacer? Pablo enseña: Es mejor casarse que vivir quemándose. Pero, y los quemados que están impedidos de casarse? Creo que la masturbación sería la salida más segura. Eso si no hubiera una intención impura en el corazón. (Mt. 5:28)

El bautismo en el Espíritu Santo, creo, es la única solución definitiva para este problema. A causa de eso, el cristiano reúne condiciones de vencer al mal pensamiento. Es capaz de resolver el problema, ya que Él ofrece salidas. Pero, mientras eso no sucede, es normal, especialmente entre los jovenes en formación. Es como dijo la dra. Eunice.

Lo ideal sería ocupar la mente con pensamientos puros. Siendo asís, no habrá masturbación. Y sin masturbación no habrá acusación maligna.

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” (Gálatas 5:16)

Que el Espíritu de Dios sea con todos.

Vea también:

- Como superar los malos pensamientos

Vocabulario de la Vida

Jueves, Marzo 18th, 2010

Carta de perdón al Obispo Macedo

Miércoles, Marzo 17th, 2010

¡Obispo Macedo!

Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.

Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.

¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.

Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.

Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.

Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!

Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo… jejejeje… ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?

Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.

Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.

Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.

Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.

¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.

Mara Lucia
IURD Orlando

La Voz de Dios

Lunes, Marzo 15th, 2010

voz

La Voz de Dios es más perceptible durante las adversidades de la vida. Fue así con el apóstol Juan, en la Isla de Patmos. Exiliado y sujeto a trabajos forzados, él reunía todas las condiciones para lamentar aquella situación. Tenía hasta el derecho de reclamar a Dios y pedir la muerte. Pero fue justamente en esas condiciones adversas que oyó la Voz de Dios y recibió la visión apocalíptica.

Toda su narración está sujeta a lo que él vio y oyó bajo el fuego ardiente vivido en aquel lugar.

Vivió el horror en la isla de los esclavos. Vio el horror reservado para aquellos cuyos nombres están registrados en el Libro de la Muerte. Pero tuvo su alma aliviada cuando vislumbró el nuevo Cielo y la nueva Tierra y el Libro de la Vida, donde encuentra su nombre registrado. Toda su visión sucedió porque el Espíritu Santo hizo de su cuerpo Su morada.

Vale la pena soportar todas las adversidades de la fe. Al final de cuentas, son estas las que dan a los siervos de Dios la condición de vencedores. Vencer, no para conquistar la gloria de este mundo, sino, para tener la gloria eterna de sentarse en el trono al lado de la Majestad de la Gloria. (Apocalipsis 3:21)

Carta de un ex-miembro de la Iglesia Mundial

Domingo, Marzo 14th, 2010

Volví a la IURD hace un mes. Mi esposo y yo nos conocimos en la Iglesia Universal y nunca fui al mundo. Me casé y después de dos años mi esposo decidió ir a la Mundial. Fuimos levantados obreros allí. Yo fui por sumisión, al principio me estaba sintiendo bien, pero mi vida espiritual fue cayendo día a día.

Transcurridos casi dos años, yo ya estaba como miembro sólo para agradarlo. Continuaba yendo con él, pero estaba muy mal, espiritualmente hablando. Comenzaron a aparecer problemas de salud que nunca tuve, siempre tomando remedios, pero continuaba tranquila, acompañando a mi esposo, que está como obrero.

Este año, a fines de enero, decidí por mi vida y volví para la Universal, solita. Mi marido estuvo de acuerdo, pero en el fondo él no quiere que vaya, pues me critica todos los días. Quiere que vaya con él a la Mundial y dijo que no está contento con esta situación. Muchas veces, él me trata muy mal, es áspero en sus palabras y me humilla frente a mis padres y de sus parientes, gritándome si yo dudo en alguna palabra o actitud.

Estoy feliz, porque me reencontré con el Señor Jesús. Fui curada, y yo ya ni sabía lo que era tener la presencia de Dios y decir “Yo te amo Jesús”. Y estoy yendo martes, miércoles y domingos, y hace dos domingos fui renovada por el Espíritu Santo, hablando en lenguas, lo que no sucedía hace dos años.

Estoy feliz, pero la presión está aumentando día tras día, y mucho. Hasta cambió el obispo de la Iglesia Mundial en mi ciudad y vino uno que a mi marido le gusta mucho, porque fue quien lo consagró a obrero. No sé qué hacer – estoy orando – no sé si eso que está en mi marido es un demonio o cosas de él, porque él no era así cuando iba conmigo a la Universal. Él siempre fue muy manso, pero ahora está lleno de “razón”. Yo nunca puedo opinar nada, porque ya tengo miedo de decir algo y que él salga con alguna grosería.

Yo me esfuerzo para ser una esposa virtuosa, trabajo (empleo bendecido. A veces, gano más que él) y dejo la casa linda para mi esposo. Cocino, hago lo bueno y lo mejor, doy cariño y siempre fui así, lo traté como a un bizcocho. Prefiero hacer antes las cosas para él y dejar las mías o a mí en segundo plano. Creo que cada día me anulo más y me dedico más y más, pero mi salvación y mi vida con Dios están en primer lugar.

Estoy luchando, no pretendo retroceder. ¿Estoy actuando correctamente? ¿Hasta que punto debo ser sumisa?

Gracias por su atención.

RESPUESTA:

La sumisión de la mujer para con su marido no puede ser considerada sin límites. La sumisión solamente debe ser ilimitada cuando se trata de la relación con el Señor Jesucristo. ¡Él es el Señor!

Imagine si el marido incrédulo exige que su mujer abandone o niegue su fe en el Señor Jesús. ¿Ella tendrá que hacerlo para cumplir su obligación de sumisión? ¡Está claro que no!

Por lo tanto, hay que usar la fe con buen sentido y equilibrio para no entristecer al Espíritu Santo.

Dios la bendiga abundantemente.

Como recibir el Espíritu Santo

Jueves, Marzo 11th, 2010

sed

Primer paso: Conciencia.

Estar consciente de que nadie es bautizado con el Espíritu Santo porque lo merece. Si cree que tiene méritos, no lo va a recibir nunca. Ese bautismo debe ser buscado con todas las fuerzas y de todo corazón, por medio de la fe en el Señor Jesucristo.

Segundo paso: Querer.

Ese querer no es simple voluntad o una buena idea, ni porque otros Lo tienen. Pero, por ser muy necesario en cuanto a la salvación. Es un querer semejante al perdón de los pecados. Es un querer ardiente, por encima de cualquier otro sueño o deseo del corazón. Más que vivir, casarse, conquistar, en fin, más que todo lo que las personas o este mundo pueden ofrecer. Por eso, el Señor impone la condición de sed. Es necesario tener sed. Mucha sed. Una sed desesperante. Si alguno tiene sed… (Juan 7:37) Si no hay garra en el querer, será difícil.

Tercer paso: Pensamiento.

El querer debe seguir por el pensamiento ocupado en la Persona del Espíritu Santo. El pensamiento continuo en Él debe ser tanto en casa, en el trabajo, en la calle, en la iglesia o en cualquier lugar. Tanto como pueda. Es como en el noviazgo. Cuando se está amando, la persona va y viene y siempre termina pensando en la persona amada, ¿no es así? Lo mismo debe ocurrir con el candidato al Sello Divino. Lo importante es mantener la mente enfocada en Él. No es necesario decir que, en esa etapa, el candidato debe buscar al máximo aislarse de todo lo nocivo a la buena conciencia. Evitar las malas compañías o personas contrarias a la fe, distracciones vulgares y todo lo demás que interrumpa la relación con el Espíritu. Es difícil, pero no es imposible. La fe exige sacrificio. Si en la conquista de los bienes materiales no se miden sacrificios, cuanto más en la conquista espiritual. ¡Imagine la plenitud del Espíritu Santo!

Por lo tanto, tiene que haber un esfuerzo sobrenatural.

Conclusión:
Cuando esas condiciones están satisfechas, el candidato no necesita hacer más nada, mucho menos preocuparse. Sólo esperar. En cualquier momento y en cualquier lugar él puede ser bautizado. En casa, en el trabajo, en la calle, en la iglesia, en fin, no hay más impedimentos para que el Señor Jesús venga a bautizarlo con Su Espíritu.

Observación:Durante el tiempo de “ocupar la mente” con la Persona del Espíritu Santo, es probable que el diablo sople pensamientos sucios. En caso que eso suceda, sepa que eso es una excelente señal de que usted está en el camino correcto. No se desanime. No se preocupe. Y no piense que está pecando contra Él. Tentación no es pecado. Pecado es caer en tentación. Pecado imperdonable es ofender o proferir palabras contra el Espíritu Santo.
Cuando vengan pensamientos sucios, no tenga miedo y no se acobarde. Aproveche el momento y resista al diablo alabando al Señor Jesús. Sea con cánticos, con palabras de adoración (en un tono alto o bajo, depende de su privacidad). Lo importante es no temer o intimidarse delante de los pensamientos sucios. ¡Tiene que reaccionar! Y reaccionar con alabanzas a Dios.

Sexo con lucifer – Capítulo 4

Martes, Marzo 9th, 2010

>Lea también los capítulos 1, 2 y 3


Volví al baño y me senté nuevamente donde mi vida estaba, ¡en el sanitario! Cuando fui a tomar la “actitud”, la voz de Dios fue mayor que todo lo que ya había “escuchado”, (mi hermano ya buscaba fervorosamente por mi en la IURD de Botafogo). No sé cómo explicarlo, pero fue demasiado fuerte. Sentí un temor tan grande que en el momento perdí el valor. Hoy, se que fue mi salvador Jesucristo. Yo lo sentía muy fuerte “decir”: “¡No haga eso jamás! ¡Su vida tiene solución!” Y entonces, el tal “hombre” en ese instante desapareció. Fui a la cocina y coloque los remedios sobre la mesada junto al vaso de agua y fui a dormir. Me imagino que el Espíritu Santo, a través de las oraciones de mi hermano, haya trabajado en mí durante el breve sueño, pues, dos horas después de acostarme completamente ebria, me levante y me fui hasta la cocina a tirar los remedios.

Nunca le di la oportunidad a mi hermano de hablarme de Jesús. El nunca me evangelizó, además, nadie, porque el odio por la iglesia, principalmente por la Universal del Reino de Dios, era terrible. Cuando le hablaba de mi lamentable vida, él tomaba la Biblia, y yo decía: “¡Otra vez con esa cosa No me importa nada eso!”

Al día siguiente, un domingo (yo odiaba los domingos), desperté físicamente, porque estaba muerta y enterrada en mi propia derrota. Un vació tremendo, el alma dolía mucho, entonces, la voz del “hombre” volvió: “No lo lograste. Tu vida empeorara. Toma el arma de ese hombre y pégate un tiro en la cabeza. Y luego me veras.” El hombre a quien él se refería era mi esposo, que es policía.

Quede con aquella idea fija el domingo entero. Imagino que mi hermano estaba en la Iglesia orando por la familia y, por eso, yo no haya consumado el hecho.

Paso un terrible día pero el lunes no fue diferente. Las sugerencias eran cada vez más fuertes, hasta que llamé a mi hermano y atendió mi madre. Yo la ofendí gratuitamente lo mas que pude y le dije que si algo le pasara a mí y a mi hija, que nadie se sintiera culpable. Dije que nadie me amaba, ni Dios, porque ni siquiera servía para morir. Ni Él me quería porque si Él realmente existiera, yo no estaría pasando por todo esto. Fue entonces que mi hermano, como nunca había conseguido, me habló de Jesús. En principio, rechacé aun más la Iglesia Universal, tanto que cambiaba de vereda para no pasar por la puerta. Diezmos, ofrendas, ¡ah que odio tenía! Pero, pero una vez, el Espíritu Santo prevaleció y después de mucho esfuerzo fui. Insultando y hablando obscenidades, pero fui. Le pedí a mi hermano que me fuera a buscar (yo vivía del otro lado de la calle), pues no tenía fuerzas para más nada, y le dije así que llego: “¡Solo te digo una cosa, no se para que voy a ese lugar. ¡No creo más en nada, en nadie y ni en Dios! Yo odio esa iglesia. Realmente, debo estar loca de ir ahí, pero esa es la última puerta que voy a tocar. ¡Y si no me sirve, voy a matarme de una vez! Nadie me lo va a impedir!” ¡Y GRACIAS A DIOS, FUE LA ÚLTIMA PUERTA!

Eso paso el día 3 de abril del 2000. ¡Voy a hacer 10 años de vida! Ese día, me acuerdo de la ropa que usaba, de la alabanza que cantaba (“Asegúrate de la mano de Dios…”), de la prédica. Quede muy aturdida con las personas orando “alto”. Aquello parecía enloquecerme, pues el dolor de cabeza que yo tenía era más fuerte, como nunca había sentido, pero salí de allí con algo adentro de mí, que nunca, en 33 años (edad que tenía en ese momento), yo había sentido. ¡Allí, encontré verdaderamente al Dios que por toda mi vida busqué!

La entrega de mi vida es muy poco comparado a lo que el Señor hizo (y hace) por mí. Hoy, tengo 43 años, soy una nueva criatura, estoy liberada y bautizada con el Espíritu Santo. Estoy preparándome para ser una obrera por la infinita misericordia de Dios. Mi pacto ahora es con el Señor Jesús de servirlo hasta la muerte o hasta Su venida.

Esa es una parte de mi historia.

Estoy a disposición para lo que sea necesario.

Agradezco la oportunidad de poder evangelizar a multitudes con mi testimonio.

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Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Sexo con lucifer - Capítulo 3

Martes, Marzo 9th, 2010

Lea también los capítulos 1 y 2

Fuimos recibidos con torta de maíz. Hablaron toda nuestra vida. En ese momento, quedamos maravillados: “Caramba, nunca nos dijeron o hablaron todo lo que estábamos pasando. ¡Que estupendo!” Y una vez más, allí estaba yo, como centro de todo, ayudando a recoger almas para al infierno.

Comencé a trabajar directamente incorporando los espíritus y de allí fui a servir en la umbanda, candomblé, quimbanda, magia negra. Hice pacto con el diablo con sangre derramada sobre mi cabeza. Muchas veces era poseída por varios espíritus en una sola noche. Tomaba cachaza (de la mas fuerte), cerveza (cualquier marca), bebidas dulces y cuando volvía en sí, no estaba ebria, pero el deseo de beber aumentaba y bebía “sola” allí mismo en centro espiritista. “Recibía” todas las “entidades”, pero había una mujer que tomo posesión de mi. Todo lo que yo decía, comía, vestía, calzaba, la marca de cigarrillo que yo fumaba, los hombres con quien salía, todo era comandado por ella. Perdí mi identidad y lo peor, no me había dado cuenta de eso.

En 1997, quedé embarazada de ese hombre y tuve una niña, entonces, todo empeoro. Fuimos a vivir juntos 15 días antes del nacimiento de mi hija (en 1998). Durante el embarazo fui despreciada y, cuando fuimos a vivir juntos, el infierno se transfirió adentro de mi hogar. El me traicionaba, llegaba a la casa todos los días ebrio, con el día amaneciendo. Las peleas eran constantes, insultos, agresiones verbales, (hubo hasta una física). Yo tomaba el cuchillo y le decía que lo iba a matar.

Embarazada deje de ir al centro espiritista, pero mantenía “contacto” con todos ellos. El altar en mi casa era lo principal. Volaban murciélagos por encima de las ofrendas que yo colocaba en la habitación. Era una humillación. Finalmente, mi vida perdía todo el sentido y el deseo de morir era diario.

En 1999, fue el año de mi derrota total. Comencé a ver una sombra oscura de un hombre con gorro en mi habitación cerca del perchero. Adonde estuviera sentía pasos atrás mío, pero en casa era más fuerte. Oía que llamaban por mi nombre y cuando contestaba, no era nadie. Yo tenía miedo y él me decía que si girase lo vería. Él me decía: “Deja ese hombre, mata a tu hija y quítate la vida. Tu sabes que después de la muerte podrás ir a un lugar lindo donde todo tu sufrimiento va a terminar.” Y yo miraba a mi hija – tan solo un bebe – y pensaba en matarla.

Con toda mi formación académica, cada día yo estaba peor, desempleada, destruida, llena de deudas, muerta por dentro con un dolor que agobiaba mi alma. Dolía mucho. Nada, nada, nada, llenaba aquel dolor. Ella aumentaba a cada día con extrema crueldad dentro de mí.

Ese espíritu se acostaba conmigo y teníamos sexo. Muchas veces, yo pensaba que lo había hecho con mi esposo, pero no, me levantaba para verlo y estaba en otro lugar de la casa. Sentía el peso de un hombre sobre mi y despertaba satisfecha sexualmente. Eso era toda la noche y con frecuencia. Por esa razón, mi matrimonio fue quedando cada vez peor. Imagino que cuando eso ocurría, yo estaba dormida, pero confieso que no sé, porque mi vida ya no me pertenecía, era de “ellos” y así andaba las 24 hs. poseída.

Ya había dejado la umbanda, candomblé, quimbanda, y fui a un centro de mesa blanca de nombre muy conocido. El libro del evangelio según el espiritismo era mi libro de cabecera. En el, aprendía a convivir con el dolor, a hacer caridad, sobre el “karma”, y que había nacido para sufrir, y que mi vida era fruto de mi vida pasada. ¡Ridículo, absurdo!

Un sábado, con el intento de salvar mi matrimonio, le pedí a mi amada madre que quedara con mi hija para que podamos ir a un restaurante. Cuando volvimos, estábamos a punto de matarnos. Las peleas comenzaban de la nada. Ese día, me golpeo y salí a la calle como una loca, buscando “amigos” para seguir “emborrachándome”. Felizmente no encontré a nadie y volví a casa a los gritos (eran como las 4 de la mañana). Los vecinos nos tenían mucho miedo y no hablaban. El “hombre” junto a mi, siempre abusándome.

En aquella misma madrugada, mi esposo fue a dormir muy tomado y yo a llorar (como era de costumbre). Fui al baño y los espíritus fuertemente me inducían al suicidio. Ya no era la primera vez, pero esa fue la última jugada. El vino hasta mi y dijo: “Toma todos los remedios del cajón, en especial los vencidos, y tómalos todos de una vez. Tú necesitas morir para descansar. Tu hija ya esta criada (ella solo tenía 1 año y 9 meses), ese hombre te odia, no tienes a nadie. Solo me tienes a mí. Vamos, coraje, hazlo de una vez y termina con tu sufrimiento de una vez por todas.” Hice lo que me ordeno. Prepare todo y fui hasta la cocina por un vaso de agua (detalle, me había alcoholizado la noche entera).

Continua…

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro

Sexo con lúcifer – Capítulos 1 y 2

Domingo, Marzo 7th, 2010

¡Volver al terrible pasado de mi vida solo es válido para glorificar a Dios, entonces vamos!

Desde el vientre materno, por pura ignorancia espiritual de mi abuela materna, fui ofrecida a los espíritus, los cuales se decían de “luz” (como siempre hacen).

Tuve una infancia humilde, pero nunca nos falto el pan. Mi padre, siempre muy trabajador (como lo es hasta hoy), y mi madre, ama de casa. Ambos sin vicios. Nunca tuve ningún mal ejemplo que al menos intente justificar toda mi loca vida cuando me volví adolescente.

A los 16 años, me descomponía en la calle y entonces comencé a ir a un centro espiritista de “mesa blanca”. Los tales “ancianos e indios de luz” decían que ya era hora de “desenvolver” y comenzar a hacer caridad, pues todo lo que recibía “de la gracia de Dios” debería pasar a mis hermanos de la misma forma. Así, comenzaba realmente la desgracia de mi vida.

En 1985, a los 18 años, me enamore de un joven. El era estudiante de medicina y yo, en esa época, estaba terminando la escuela secundaria. Me entregué a él. Éramos novios y teníamos planes para casarnos. Mi padre, que es un hombre muy serio e integro, nunca tolero los amoríos que yo tenía, pero este joven le agrado (realmente era un buen chico). Un día, de repente, él resolvió terminar conmigo y yo casi enloquecí (en esa época yo ya estaba en “desenvolviendo” con los espíritus). Caí en una profunda depresión, no me bañaba, no comía y vivía en una habitación oscura. Me acuerdo que para ir a la escuela muchas fueron las veces que dormía con el uniforme para no perder la clase. Cuando iba a la escuela (llevada por mi madre, de ómnibus) por padecer también el síndrome de pánico, quedaba como un bicho alejado al final de la clase sin decir una palabra. Mis amigas de clase desconfiaban de mis actitudes, pues era una chica muy “feliz”. Preguntaban a mi madre lo que me pasaba y ella decía: “Déjenla chicas, ella está muy enferma.”

Hice tratamientos con un psicólogo, pero dentro de mi nunca acepte depender de nadie y de nada. Tire los remedios y le dije a mi madre que, de ahora en adelante, yo me curaría solita. Pues bien, comencé a salir con más frecuencia con amigos, por las noches, bebía sin control (nunca dejando de ir a las sesiones espiritistas). “Recibía” a los espíritus en la calle, o en cualquier lugar. Yo no tenía dominio sobre ellos en mi vida. Cociente, los serví durante 19 años. Probé marihuana y cocaína, pero felizmente, no me gustaron los efectos. Exhalaba mucho desodorante. En los fines de semana era ley (época de discotecas).

Yo veía la tristeza estampada en el rostro de mi padre cuando llegaba en casa por la mañana, completamente ebria, y muchas veces, con una lata de cerveza. Entraba solamente para tomar mi delantal para ir a las clases de la escuela que termine solo Dios sabe cómo.

Parecía estar sanada. Comencé la facultad de Fonoaudiología en una estupenda Universidad en Río de Janeiro. Siempre bebiendo y fumando mucho, llena de “amigos” y cada vez más agresiva, prepotente, arrogante. Yo tenía una sensación de poder increíble y no le tenía miedo a nada y a nadie. Esto cada día crecía más y más dentro de mí. Por las noches, en primer lugar, servir a las “entidades” siempre.

El tiempo paso y a cada día yo me hundía más. Bebía tanto que todos los días al despertarme tenía ganas de quitarme la vida de tantas “borracheras”. Recuerdo que tenía una imagen de “Cristo” en la habitación. Yo charlaba con ella siempre y, rezando, pedía que no despertara mas el día siguiente. Cuando me despertaba, las ganas de quitarme la vida aumentaban y así fui “desenvolviendo” y destruyéndome.

Hombres casados eran mi preferencia. Si fuese soltero no lo quería. Tenía placer en sacar el marido de las mujeres y destruir matrimonios. Y lo peor es que, en la mayoría de las veces, yo lo conseguía, pero después los dejaba.

En 1992, a los 25 años, conocí a un hombre en un bar que iba frecuentemente (además, yo pasaba el día bebiendo) y fue entonces la consumación de mi derrota. Un “amigo” de la época nos presento y para variar, él era casado. Me gusto la idea y continué. El me dijo así: “¡Cuando termines con fulano (otro casado), tu vas a ser mía. Quise decir, ¡ya eres mía!” recuerdo que sonreí y no me dio mucha confianza, pero la semilla del infierno había sido plantada dentro de mi. Quedamos juntos como amantes hasta 1994, cuando su mujer descubrió todo (ya era su segundo casamiento). Y me pareció bien. Fui hasta la casa de ella, me senté en su cama y le dije a ella que a él no lo dejaría nunca; que se conformase en ser la otra. Lo mas increíble fue que acepto y me dejo ir. Hasta me acompaño a la portería para tomar un taxi.

Cree lazos con él. Viajábamos y dormíamos afuera casi todos los días. El la llamaba del motel y le decía que estaba trabajando. Yo me creía la mujer más maravillosa y poderosa, y me reía de ella. Comencé a beber vodka porque era la bebida preferida de él. En el inicio, con aquel refrigerio que todos conocen (la famosa y terrible cuba libre), pero durante la misma noche, la bebía pura. Teníamos un bar en el portaequipajes del carro de él. En esa época, comencé a escuchar voces y ver sombras y la vida cada vez más loca y desenfrenada.

En una de esas salidas nocturnas llenas de cigarrillo, bebida y prostitución, “recibí” un espíritu dentro de su carro. Él tenía un Fiat Uno Mille, y el panel termino destrozado, por los cortes de cuchillo. Su hijo tenía 7 años estaba con nosotros y había presenciado todo. “Yo” mande dejar al chico en cualquier “desfiladero”. Menos mal que él no hizo eso, pero el niño empezó a tenerme miedo. Quede poseída por ese espíritu más o menos de las 23 hs a 5 hs de la mañana. No recuerdo nada. Solo recuerdo cuando volví en sí. Yo estaba solamente con un short y sostén, en frente al portón principal del cementerio del barrio de Botafogo. ¡Allí, pedí la muerte! Entonces mi madre, como toda buena madre, queriendo ayudar a sus hijos, llamo a mi antigua mai de santo y le contó toda la historia. Inmediatamente ella mandó (no pidió, era una orden) que al día siguiente fuera allá, pues necesitaba volver a trabajar con los espíritus. Claro que obedecí y lleve de regreso a mi madre y a mi enamorado.

Continua…

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Carta al afligido

Viernes, Marzo 5th, 2010

5-03-2010-bg

Diariamente, he visitado mi blog. He leído sus comentarios y participó de las alegrías de muchos y me he angustiado con la tristeza y situaciones difíciles de otros. ¡Ah! ¡Si pudiera resolver sus problemas y sanar las dudas! Sobretodo, estoy absolutamente seguro de que mi Dios, según Su fidelidad y misericordia, ha cuidado de cada uno de nosotros. Ni siempre Él responde en el momento de la aflicción. Pero siempre esta presente para sostenernos.

Vea Su atención, cariño y consideración en estas palabras: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37)

Sé que no es fácil administrar los problemas diarios. Entretanto, hemos aprendido mucho que, cualquiera que sean las dificultades enfrentadas, Su Espíritu es con nosotros. Y todo coopera para el bien de aquellos que Lo aman.

Todos los nombres, incluyendo de los que me critican y odian, han si presentados a Dios en mis oraciones diarias. Tan solamente estén firmes, porque puede el llanto durar toda la noche, pero la alegría viene al amanecer. Si no vino esta mañana, vendrá en la mañana siguiente.

“Aunque la visión (promesa) tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”
(Habacuc 2:3)

Sean todos bendecidos en el Nombre del Señor Jesucristo.



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