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Obispo Edir Macedo - Mi blog personal
Domingo, 21 de Marzo de 2010

El egoísta
25 de Febrero de 2010

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Lo esencial de la vida puede ser resumido en una palabra: dar. El Señor Jesús resume todos los mandamientos en apenas dos: “Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Amar a Dios sobre TODAS las cosas es darse por entero a su Creador. Amar al prójimo como así mismo es darse a alguien sin esperar nada a cambio, por el pleno ejercicio de amar por obediencia a Dios.

No son actitudes fáciles para ningún mortal. Pero, para los egoístas, eso es prácticamente imposible. El egoísta ve apenas para sí mismo como centro de todas las cosas, creyendo que todo y todos existen por él y para él.

El mundo gira alrededor del ombligo del egoísta, y eso, obviamente, limita su visión a apenas a una palma de diámetro de sí mismo. Así, podemos concluir que el egoísta se torna Dios de sí mismo. Él se basta, por eso jamás conseguirá reconocer un Dios soberano, Creador de todas las cosas, simplemente porque no le pasa por la cabeza que haya algo o alguien, por encima de él, que sea relevante para el mundo.

Uno de los lemas más comunes del egoísta es: “¡Lo importante es ser feliz, no importa cómo!” Eso quiere decir que a él no le importa si su felicidad es a costa de la tristeza o infelicidad de alguien. La felicidad del egoísta habita en el alma y no en el espíritu, por eso, las Leyes y Mandamientos Divinos no pueden jamás cercear el placer que agrada la carne.

La política es uno de los escenarios que reúne más ejemplos de hombres egoístas. Cuando este tipo de gente se elige y tiene poder público, dentro de ellos hay una voz que los estimula: “¡Ahora nadie me detiene! El pueblo no importa.” Pero, infelizmente, este comportamiento se repite seguido en diversos perfiles de personas: los corruptos, los deshonestos, los infieles, los traidores, los criminales, entre tantos otros, independiente de clase social.

Compartir, dividir, donar, entregar, sacrificar, proteger…no son verbos que el egoísta conjugue. Sobre estas personas, el Espíritu de Dios dijo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios…” (II Timoteo 3:1-4)


Publicado por Edir Macedo

Sexo con el diablo - Capítulo 7 y 8
24 de Febrero de 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5 y 6

Termine escapando de mi marido y de la relación enferma de a tres (pero éramos cuatro porque solo yo veía al ángel/demonio).

Cinco años vividos con la amante, un hijo, y 10 años llenos de angustia, desilusiones, amargura, y con mucho odio. Un odio y un deseo de ver muerte, sangre. Yo solo tenía ansias de matar, así comenzó mi recorrido al infierno.

Conocí a alguien que me mostró el camino de la cocaína, pero antes de conocerla, consumí LSD, ácidos, Valium, Repenol, liamba, opio y además, tomaba unos comprimidos que me mantenían calma, pero en mi organismo causaba una reacción totalmente contraria. Así que los tomaba, yo destrozaba todo, y me volvía muy agresiva. Los médicos decían que era imposible y de no creer porque los remedios eran para dormir, pero el tal ángel me dejaba agresiva.

Después de haberme separado, día y noche solo planeaba la forma de matarlos. Tenía tanto odia, un odio ciego, al punto de hacer planes de como los mataría.
Llegué a pagarle a alguien para hacerlo, pero gracias a Dios esa persona conocía bien mi forma de ser y me devolvió el dinero, diciéndome: “Fátima, yo sé que no querés hacer esto.” Aun así quedé enfadada con él (pero menos mal que Dios no lo permitió).

El se rehusó a hacerlo. Así que, decidí hacerlo: le apunte el arma a la cabeza de mi marido. El descarado ángel/demonio me decía al oído: “Mátalo, mátalo. ¡Vamos, eres una cobarde; mátalo ahora, mátalo!”

Durante el día parecía normal. Volví a dar clases, pero a la noche era otra persona: Consumía mucha cocaína y fumaba base (crack), pero en cantidades exorbitantes por la noche.
Podría gastar, a aquellas alturas 600 “duros” (la moneda en Portugal, en esa época era la Lira) o más. Me envolví con gente muy peligrosa y de la alta sociedad.

En aquel momento, el tal ángel/demonio era señor de mi cuerpo, alma y vida.

Ahora era una loca disfrazada (yo solo quería que desapareciera de mi vida). El tal ángel/demonio no dejaba a ningún hombre que se me acerque. Cuando eso sucedía, el quedaba furioso: me pegaba, intentaba asfixiarme, casi me mató. Yo aparecía con hematomas y las personas decían que yo mismo me los hacia. Estaba en el abismo. ¿Cómo hablar de esto con alguien si nadie lo creería? Aunque yo iba a iglesias, brujos y cartomantes…

Pasé horas en una bañera cubierta con sabanas blancas y sangre de gallina derramada sobre mi cabeza. Cada vez que terminaba de hacer un trabajo, el descarado del ángel se reía de mí. Yo lo veía y él me decía: “Mata a tu hijo. ¡Vamos, mátalo!”

Intente varias veces matar a mi hijo (pero la misericordia de Dios no lo permitió). Cuando recuerdo estos momentos de mi vida, no consigo contener las lagrimas, porque la compasión de Dios fue grande.

Vivía atormentada día y noche. El me tiraba de los pelos, me empujaba, era un sufrimiento en silencio.

Cualquier hombre que intentase enamorarme, o si yo buscase a alguien, el ángel lo mataba. Sucedían cosas muy extrañas con ellos, que me obligaban a abandonarlos.

Yo andaba armada con una nueve milímetros (pistola automática) y un látigo; era muy agresiva. Golpeaba a los hombres con que salía. El ángel llevo a la cárcel a uno de mis enamorados sin causa o explicación. Otro sufrió un accidente fatal y murió. Cualquier persona que se me acercara estaría en peligro.

Mi vida era horrible. Yo solo quería cocaína. Inhalaba, fumaba crack, pero, como dije, era dos personas, dos personalidades. El mundo que me rodeaba desconfiaba, pero yo creía que lo tenía controlado. De día, parecía una persona normal, pero no lo era: fumaba más de 30 charros (haxixe y liamba) por día. ¿Cómo ser normal cuando estaba completamente drogada?


Publicado por Edir Macedo

Fidelidad
23 de Febrero de 2010


Publicado por Edir Macedo

El acto conyugal
22 de Febrero de 2010

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El acto conyugal se trata de la relación sexual entre el marido y su mujer. ¿Qué se puede o no en ese acto? La Biblia no especifica cómo se debe hacerlo. Apenas advierte a lo que es contrario a la naturaleza (Romanos 1:26).

A mi modo de ver, contrario a la naturaleza significa todo lo que distorsione la armonía entre Dios, el ser humano y la naturaleza.

En el sexo anal, el recto es agredido con una intromisión extraña a su naturaleza. Él no está en la función de recibir, mas de expedir. ¿Expedir qué? heces, excremento. Las heces son la basura del cuerpo humano. Usar el ano como objeto de placer es lo mismo que degustar una rica cena de a dos en medio de un basurero. No tiene sentido. Es cuestión de higiene, de salud y, sobretodo, de inteligencia.
Sin embargo, cada uno es dueño de su propio cuerpo y hace de él lo que mejor le parece. Por eso, nos fue dado el libre albedrio.

El cristiano sabe que su cuerpo es templo del Espíritu de Dios. Y como tal, no acepta someterse a nada contrario a la naturaleza.

Leer más:

- Dudas sobre el sexo

- La intimidad de la pareja

-Bendito condón

-La fe y el sexo

-Lo que puedo y lo que no puedo hacer


Publicado por Edir Macedo

Sexo con el diablo - Capítulo 6
21 de Febrero de 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, y 5

Por un tiempo pensé que el tal ángel había desaparecido. Intentaba llevar una vida normal. Era dueña de un restaurante y también hacía algo que me gustaba: daba clases en un gimnasio.

Pero, después de un tiempo, ahí estaba de nuevo, el tal ángel. Ahora el estaba más furioso como nunca lo había visto, y estaba siempre cerca de mi hijo. Yo no decía nada porque no quería ir otra vez al hospital.

Mi matrimonio continuaba siendo una mentira. Yo continuaba fumando drogas y, esta vez, consumía doce comprimidos por día.

Mi marido continuaba traicionándome y nuestra relación era pésima, aunque tuviéramos negocios (restaurantes, buenos carros). Todos pensaban que estaba bien – ¡MENTIRA!

Yo sufría una crisis nerviosa que él, ángel/demonio, se apoderaba de mi cuerpo, tanto que la madrina de mi hijo decía (cuando me calmaba): “¡Fátima, parecía que tenías al diablo en tu cuerpo!”

Mi marido embarazo a su amante, pero antes de ese embarazo ella ya había hecho un aborto de él. Yo sufría bastante, pero no lo dejaba. Yo quería hacerlo, pero mi madre me decía: “No, hija, divorcio no.” Entonces, yo aguantaba, siendo lastimada, humillada y atormentada.

Las drogas eran mi compañía. Fumaba más de 20 charros (hachís, marihuana, etc.) por día, junto con los 12 comprimidos.

Intente matarme por segunda vez. La primera vez, no pude. La otra vez tome una dosis alta de comprimidos con alcohol. Y sobreviví.

Ya no me importaba nada. Fingía ser feliz. Todo el mundo pensaba que ya había superado mis problemas. Mentira. Pero, unos pocos amigos veían que algo extraño sucedía en mi vida.

Otras pensaban: “¡Fátima es muy loca; es lo máximo!” Comencé a leer las palmas de las manos y les decía que era el ángel, pero ellos continuaban pensando que estaba sobre los efectos de las drogas. Y me decían: “estas fumando mucho, chica.”

El hijo de la amante nació. Otra puñalada en el pecho. ¡Que odio sentí!

Una mañana de mucho sol estaba preparándome para buscar a mi padre en cais de Alcântara. El ángel/demonio hizo que viera la foto del bebé en la billetera de mi esposo, y el tal ángel me dijo: “Vamos, vamos ahórcalo. ¡Ahorca a tu marido!”

Fui a ver a mi marido en la habitación e intente matarlo. Una discusión infernal comenzó. A esa altura, estaba con nosotros una amiga en casa que se quedo algunos días. Yo vivía cerca de la playa, entonces, varias amigas tenían el habito de pasar algunos días allí.

Mi amiga entro en mi habitación, lo sacó a mi hijo y lo llevó al patio. Yo tome un cuchillo para matar a mi marido y ella intentaba empujarme hacia fuera, al patio.

Solo sé que la que termino bañada en sangre fui yo. Por poco no quedé sin mano y paralizada. Toda ensangrentada, no sentí el corte (el descarado ángel estaba dentro de mi).

Todo esto fue pasando…


Publicado por Edir Macedo

Sexo con el diablo - Capítulo 5
20 de Febrero de 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3 y 4”

Me desperté por la mañana (Semana Santa) con el tal ángel intentando sofocarme. Salté de la cama y mi hijo se despertó. Estaba con hambre. Mi hermana y mi ahijada estaban pasando el feriado de la Pascua en mi casa. Ellas se despertaron con mis gritos, pues el ángel me atormentaba con un aire agresivo, diciendo: “Hoy voy a matarte y también a tu hijo.” Mi marido en el cuarto no daba mucha atención, pero quedaba con un aire asustado.

Las puertas y las ventanas de mi casa se trababan. Un viento movía las cortinas inexplicablemente y el ángel/demonio me decía varias veces que en aquel día yo moriría y se llevaría a mi hijo.

Los objetos se movían, intentando alcanzarnos, y él repitiendo varias veces que iría a matar a mi hijo. Yo le decía a mi hermana y a mi ahijada: “¡Vamos, vamos deprisa!” Pero las puertas no se abrían y no conseguíamos salir. Hasta que Dios nos ayudó y la puerta de la calle se abrió, pero la puerta del garaje no se abría. Era como si estuviésemos viviendo un filme de terror despiertas. No era imaginación, no era una pesadilla, era real y muy real.

Los niños estaban aterrorizados. Una tenía 10 años y la otra, 12. Y tengo que afirmar que esos niños no se drogaban, y lo que yo estaba pasando tampoco era efecto de las drogas, pues yo estaba acostumbrada a ver al ángel/demonio desde los 6 años – ¡NO ERA EFECTO DE LAS DROGAS!

Él iba a matarnos a mi y a mi hijo. Conseguimos entrar en el carro y huir (pensábamos nosotros), mas el tal ángel interrumpía el andar del carro. Yo manejaba a alta velocidad. Los niños se lanzaban sobre mi hijo para protegerlo. Una de las niñas era mi hermana. Habíamos traído al niño en pañales y apenas con un saquito. Yo intentaba ver a mi hijo, y con miedo de que él lo matase, conducía el carro desesperadamente. Fue Dios quien nos guió.

Al llegar a la casa de mi madre, intenté hablar, pero no salía sonido de mi boca. Yo sólo escupía, escupía; una saliva muy blanca. Y de esos momentos (porque existen momentos que yo no consigo recordar), supe por familiares que presenciaron esas cosas que escupía tanta saliva, que fue preciso ser usada una frazada. No estoy exagerando.

Nadie veía al tal ángel/demonio, pero me dijeron que yo hablaba con alguien. Hubo quien dijo que aquello era brujería, hechicería, plaga, pero lo cierto es que el tal ángel estaba allí, en el mismo cuarto, donde yo había hecho el pacto con él para matarme.

Él decía: “¡Dame todo el oro que yo te di!” Y me dijeron que yo tiraba todo el oro en el piso. Se llevaron a mi hijo lejos de mí, porque me dijeron que yo misma era quien quería matarlo. Hoy yo se que estaba completamente poseída por él (ángel). Él estaba dentro de mi cuerpo.

Llamaron a los médicos, que nada pudieron hacer. Hasta los brujos a los que me llevaron dijeron: “No podemos hacer nada en esta Semana Santa.”

Me llevaron a la Iglesia Católica, y nada pudieron hacer. Dicen que no conseguían controlarme. Estaba completamente poseída, loca, y que gritaba, gritaba y rasgaba toda mi ropa. Hasta que me llevaron para el Miguel Bombarda (hospital psiquiátrico). ¿Estaba loca?

Allá, reventé una camisa de fuerza. Tuvieron que atarme a la cama, y la cama se levantaba del suelo. Pasaron tres días y volví a un estado de normalidad. Toda mi familia, amigos, vecinos, fueron a visitarme. En aquel momento, yo sentía un odio hacía mi marido, de la familia de él, que hasta me dolía el pecho, y yo no conseguía saber porque lo odiaba tanto.

Una junta médica se reunió, me llamó y preguntó si yo estaba loca. ¡Respondí agresivamente que no! Entonces, ellos mandaron llamar a mis padres, y nos dijeron lo siguiente: “La hija de ustedes no está loca; no conseguimos encontrar ninguna explicación para lo que le sucedió. Nuestro consejo es que si ustedes quisieran, llévenla a la medicina popular (brujos).” Y al día siguiente me dieron el alta. Salí del hospital.


Publicado por Edir Macedo

Tv para que me vean
18 de Febrero de 2010


Publicado por Edir Macedo

¡Dramático llamado!
17 de Febrero de 2010

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Mi nombre es Patricia, tengo 17 años, y me encuentro, en este momento, casi sin fuerzas, pero le pedí a la enfermera Dane, mi amiga, que escriba esta carta que será dirigida a los jóvenes de todo Brasil, antes de que sea demasiado tarde:

“Era una joven ‘sana’, criada en una excelente familia de clase media alta, en Florianópolis. Mi padre es ingeniero electrónico de una gran empresa y buscó dar siempre, a mis hermanos y a mí, todo lo bueno y lo mejor, incluso libertad, que nunca supe aprovechar.

A los 13 años, gané un concurso para modelo y maniquí de una gran agencia de modelos, y fue hasta el final del concurso que seleccionó extras para un importante programa de televisión. Fui también seleccionada para hacer un book en otra gran agencia de modelos, en San Pablo.

Siempre me destaqué por mi belleza física. Llamaba la atención por donde sea que pasara.

Estudiaba en el mejor colegio de Florianópolis. Tenía a todos los chicos del colegio a mis pies.

En los fines de semana, iba a shoppings, playas, cines; probaba con mis amigas todo lo mejor que la vida puede ofrecer a las personas ‘sanas’, física y mentalmente.

Pero, como la vida nos tiene reservadas algunas sorpresas, mi destino empezó a cambiar en octubre de 2004. Fui con un grupo de amigos para el Oktoberfest, en Blumenau (Santa Catarina).

Mis padres confiaban en mí y me dejaron ir sin más apego. En Blumenau, encontré todo bien. Hicimos un ‘ejercicio’ en Bude, un famoso bar en la Calle XV.

A la noche, fuimos al ‘Proeb’ y en el ‘Pabellón Gallego’ había un show sencillo de la banda Cavallito Blanco.

Aquel grupo de gente era ‘trimaneira’.

Yo ya había probado algunas bebidas. Tomaba, a escondidas de mi madre, el Licor Amarula, pero nunca me había emborrachado.

El jueves, primer día del Oktoberfest, tomé mi primer chopp de cerveza.

¡Qué buena sensación! Pasé toda la noche ‘tontita’. Besé a unos 10 chicos. Incluso, mis amigas ponían la cerveza en una mamadera, mezclado con guaraná para engañar a los ‘meganhas’ (policías), porque un menor de edad no podía beber. Pero tomamos toda la noche y los ‘otarios’ no se dieron cuenta.

Allá por las 4 de la mañana, me llevaron al Puesto Sanitario, casi en un coma alcohólico, en una camilla de los bomberos.

Me dieron unas inyecciones de glucosa para que mejore. Cuando fui al departamento, casi vomito las tripas, pero mi grito de libertad ya había sido dado.

Al día siguiente, aquel dolor de cabeza horrible, un malestar de aquellos, como un síndrome pre-menstrual.

El sábado, conocimos a un grupo de San Pablo, que alquilaba un departamento en el mismo edificio. Nadie imaginaba que en ese mismo día me estaban presentando a mi futuro asesino.

Tomé un poco el sábado. La fiesta no estaba buena, pero a eso de las 5:30 de la mañana fuimos al ‘depto’ de los chicos para pasar el resto de la noche. Había de todo y me presentaron el famoso ‘porro’ (cigarrillo de marihuana), que me ofrecieron.

Al principio, me resistí, pero me dijeron ‘Catarina careta’. Pudieron con nuestros nervios y terminamos experimentando. Tuve una sensación exquisita, de bajo astral, pero, al día siguiente, antes de salir, experimenté nuevamente.

El mayor del grupo, ‘Marcos’, hacía carreritas y aspiraba un polvo blanco que descubrí que era cocaína. Me ofrecieron, pero no tuve valor aquel día.

Regresamos a ‘Floripa’, pero percibí que algo había cambiado. Sentía la necesidad de buscar nuevas experiencias, y no tardé mucho en encontrarme con mi asesino: ‘DROGAS’.

Al poco tiempo, mis mejores amigos fueron apartándose cuando comencé a envolverme con un grupo pesado y, sin darme cuenta, ya era una químico-dependiente, a partir del momento en que la droga comenzó a formar parte de mi cotidianeidad.

Hice viajes alucinantes, fumé marihuana, mezclada con estiércol de caballo, probé cocaína mezclada con un montón de basura.

El grupo y yo descubrimos que mezclando cocaína con sangre, su efecto era más fuerte y, al poco tiempo, no compartíamos la jeringa, y sí la sangre que cada uno cedía para diluir el polvo.

Al principio, mi mesada cubría mis gastos con las malditas, porque el grupo las repartía y el precio era accesible. Empecé a comprar la ‘blanca’ a R$10,00 el gramo, pero no tardé mucho en conseguir solamente a R$20,00 la buena, y yo necesitaba, como mínimo, cinco dosis diarias.

Salía los viernes y volvía los domingos con mis ‘nuevos amigos’. A veces, conseguíamos ‘éxtasis’. Bailábamos en los ‘points’ toda la noche y después… ¡fiesta!

Mi comportamiento había cambiado en casa. Mis padres se habían dado cuenta, pero al principio lo disfrazaba y les decía que ellos no tenían nada que ver con mi vida.

Empecé a robar en casa pequeñas cosas para vender o cambiar por drogas. Al poco tiempo, el dinero empezó a faltar y para conseguirlo me prostituía con unos viejos que pagaban bien.

Sentía enojo por vender mi cuerpo, pero era necesario para conseguir dinero. Al poco tiempo, toda mi familia se fue resquebrajando.

Fui internada varias veces en clínicas de recuperación. Mis padres, siempre con mucho amor, gastaban fortunas para tratar de revertir el cuadro.

Cuando salía de la clínica, aguantaba algunos días, pero luego me estaba picando nuevamente. Dejé todo: escuela, buenos amigos y familia.

En diciembre de 2007, fue decretada mi sentencia de muerte. Descubrí que había contraído el virus del SIDA, no sé si picándome, o a través de relaciones sexuales, muchas veces, sin condón.

Le debo haber contagiado el virus a un montón de gente, porque los hombre pagaban más para tener sexo sin condón.

Al poco tiempo, mis valores, que sólo ahora reconozco, fueron acabándose: familia, amigos, padres, religión, Dios – hasta Dios – todo me parecía ridículo.

Mi padre y mi madre hicieron todo, por eso nunca voy a dejar de amarlos. Ellos me dieron el bien más preciado que es la vida y yo la tiré al caño.

Estoy internada, pesando 24 Kg. horrible. No quiero recibir visitas porque no pueden verme así. No sé hasta cuando sobreviviré, pero, de lo más profundo de mi corazón, le pido a los jóvenes que no entren en este viaje de locura.

Usted, con seguridad, se va a arrepentir así como yo, pero creo que es demasiado tarde para mí”.

OBS: Patricia se encontraba internada en el Hospital Universitario de Florianópolis y la enfermera Danelise, que la cuidaba, comunicó que Patricia murió 14 horas después que escribieron esta carta, de un paro cardiorrespiratorio como consecuencia del SIDA.


Publicado por Edir Macedo

Sexo con el diablo - Capítulo 4
16 de Febrero de 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1,2 y 3”

Mi angustia, mi soledad, mi frustración, me hacían ahondar en las drogas.

Después del nacimiento de mi hijo y cuando dejé de amamantarlo, comencé a fumar hachís otra vez, sólo que esta vez desaforadamente. Fumaba todo lo que me pasaba por delante y tomaba cerca de dos botellas whisky, pero lo malo es que no me emborrachaba.

Ese tal ángel/demonio se sentaba a mi lado y estaba siempre queriendo tocarme, acariciar mi cabello, y yo parecía una tonta, tenía miedo de hablar. Pero, en este momento, comencé a decir: “Epa, este ordinario está siempre queriendo tocarme”.

Las personas que se decían mis amigas se reían, no me creían y encima decían: “Oh, Fátima, estás fumando mucho”.

Ellos hasta creían que yo tenía dones, porque les decía cosas que sucedían. Pero, yo les decía que no era yo, era el ángel quien me lo decía. Pero esos tales amigos se reían a carcajadas. Me encontraban muy fumada (drogada). ¿Cómo podría hablar con gente que no me creía? Intenté explicarles, pero…

Ese tal ángel me dice al oído: “Vas a ser mía. ¡Eres mía! Voy a sacarte el marido, porque fui yo quien te lo dio”. No podía entender el motivo por el cual el ángel se había vuelto extraño y malo conmigo.

Él me decía: “Mata a tu hijo, ¡mátalo!”. Comencé a quedar aterrada, pero ¿cómo hablar de esto? Fui a un brujo y le pagué mucho dinero. Tuve que hacer trabajos, y nada, al contrario, ese tal ángel empeoró. Mi vida, aparentemente, estaba bien, pero estaba a punto de volverme loca. ¡Mi vida estaba en camino a desmoronarse!

Mi marido me traicionó con quien se decía mi amiga, que venía a mi casa y fue a la cama con él. Fue la gota de agua.

Todo se desmoronó, mi corazón se partió. Sólo quería morir. El ángel/demonio sólo me decía. “Ve, mátate. ¿No ves que él no te quiere? ¡Ve, mátate! Él te cambió día y noche”.
Él me decía: “Ve, termina con todo.” Él me lo decía en todo momento. Y mi vicio por las drogas aumentaba día tras día. Sólo buscaba una salida, era un tormento.

Muchas veces rompía todo en casa, debido a las crisis nerviosas de posesión. Y él, el ángel/demonio me atormentaba día y noche, diciéndome: “Dame tu hijo”. Yo gritaba en casa, y ese tal ángel se reía de mí en mi cara y yo le tiraba cosas. Pero, ¿cómo acertar si él desaparecía y aparecía nuevamente? Iba a volverme loca. Y ese Rangel me decía: “¿No ves que nadie te quiere? Ve, mátate. ¡Mata a tu hijo y termina con todo!”.

Y mis días continuaban así: aparentando ser una persona feliz en la calle y escondiendo mi sufrimiento, mi tormento, en el hachís, la marihuana, el alcohol, quedando cada día más flaca y muy enferma, mientras que mi marido pasaba horas, días y semanas con otra mujer.

Teníamos una relación de a tres, pero sólo yo sabía que éramos cuatro, pues el ángel/demonio era mi figura principal.

A esta altura, intenté por primera vez un suicidio. Tomé lavandina, pero la madrina de mi hijo me encontró a tiempo, y no morí. Sufrí mucho, pues me quedó la garganta dañada.

Para sentirme mejor, y después decidir hacer cualquier cosa, contraté una empleada más, que un tiempo después me pidió que bautizara a su hija (aparte de tantos problemas, para la sociedad en la que vivía yo era una figura exitosa, siempre en fiestas, autos, viajes, mucha droga. Para ellos yo era lo máximo). Mentira, apariencias, frustración. Todo era una puesta en escena.

Esta empleada presenciaba varias situaciones en mi casa: huevos debajo de la cama, fotografías atadas a los pies de mi cama, cosas inexplicables. Cuando yo llegaba a casa, ella intentaba explicarme o intentaba ella misma entender, pero lo me daba vuelta y le decía: “Voy a fumar un charro porque este ordinario está queriendo enloquecerme”. Y ella me preguntaba: “¿Qué ordinario? ¿Su marido?”. Y yo le respondía: “Ese también, pero estoy hablando de este que está aquí ahora”. Y ella me preguntaba: “¿Pero, quién?”. “Este”. Y ella se daba vuelta hacia mí y decía: “Ay, mi Dios, usted está mal”. Y yo, muchas veces, gritaba, pero ella no entendía nada.

El fin de esta empleada fue drástico: su marido se ahorcó frente a su hija de 5 años. Yo sabía que era él, el ángel/demonio, que hacía pasar estas cosas. ¿Pero cómo decirle esto a las personas?

En este período de mi vida mi sufrimiento aumentó, pero mi éxito era cada vez mayor. Mi ángel/demonio me cambió el nombre. Me dijo: “A partir de ahora tu nombre artístico será Amitaf (Fátima al revés)”.

Él me dio el don de poder escribir todo al revés y el de la falsificación. Falsificaba cualquier nombre, era una cosa extraña, pero me gustaba, pues parecía que ese ángel era otra vez bueno.

Ese nombre, Amitaf, llegó a la boca de las personas muy rápido y aceptable. Conocí a un estilista muy famoso, hice un curso de modelo, etiqueta.

Me senté a la mesa con presidentes, ministros y conocí gente de la alta sociedad. Fue a esta altura que conocí a un individuo que formaba parte de la revista Playboy. Más tarde me crucé otra vez en mi camino con este individuo.

Continuaba aparentando un matrimonio feliz, pero de mentira, falsedad. Estábamos en el año de 1985/1986. Era abril, Semana Santa. Los dolores de cabeza eran constantes, pero en esa altura aumentaron.

Fui a un brujo y quedé peor. A cada paso que daba, parecía que una bomba estallaba en mi cabeza. Quedé en cama y, a mi lado, el ángel/demonio estaba mirándome.

María de Fátima da Cruz Carvalho


Publicado por Edir Macedo

Sexo con el diablo - Capítulo 3
14 de Febrero de 2010

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima a Cruz Carvalho, que comenzó a ser publicado en el post anterior

Al principio, todo parecía un mar de rosas. Parecía una mujer feliz con un matrimonio perfecto.

Mi matrimonio era envidiado por muchos, pero mi día a día era una mentira. Dentro mío existía un vacío, una tristeza, un dolor, una alegría fingida.

Un año después, quedé embarazada. Fue un embarazo planeado, pero al quedar embarazada comenzaron a surgir problemas que no podía entender. Mi marido empezó a estar más distante y el ángel más cerca. Yo era una mujer independiente, con formación en Educación Física, pero era muy obstinada. Insistía en trabajar, aún estando con la panza ya grande. Por otro lado, mi marido insistía en quedarse en casa.

A esa altura, el ángel comenzó a acostarse en nuestra cama con nosotros. Comencé a tenerle miedo, al punto de que, muchas veces, rechazaba a mi marido (porque ese ángel estaba allí, en medio de nosotros). Mi marido pensaba que las cosas que decía eran hacia él. De esa forma, se volvía agresivo conmigo.

Muchas veces, sentía una mano acariciando mi panza. Pensaba que era mi marido. Pero cuando abría los ojos y veía que era ese ángel, gritaba.

El ángel me decía: “Fátima, vas a ser muy rica, pero tienes un precio que pagar”. Yo no entendía nada.

A esa altura, ya había dejado de consumir drogas porque tenía a mi hijo en el vientre. Pero tenía ataques muy extraños, desmayos, crisis nerviosas. Aparentemente estaba bien de salud, pero yo era muy nerviosa; todo me irritaba, sentía dolores de cabeza, pero muchos me decían que era normal.

Mi hijo nació en noviembre. Fui financieramente muy rica y los problemas se multiplicaron. La envidia de los que me rodeaban era clara, sólo yo no la veía.

Ese tal ángel pasó a estar constantemente, día y noche, a mi lado. Los desmayo, las crisis nerviosas, la angustia, todo aumentó. Sentía una soledad interior. Lo extraño era que yo tenía dinero, una casa bonita junto al mar, empleadas, un lindo hijo, pero sentía un gran vacío. A pesar de esa tristeza que me consumía, tenía que fingir que era feliz.

Estaba siempre indispuesta. Un día estaba normal, otro día, con dolores, y nadie podía encontrar la causa se esa indisposición. Tenía dolores de cabeza, sentía que todo a mi alrededor me apretaba el cráneo. Mi marido comenzó a tomar. Lo encontraba muy apartado de mí. Empezó a prestarle más atención a los amigos que a nosotros (mi hijo y yo). Teníamos mucho dinero y éramos muy inexpertos. Estábamos en 1983 / 1984.

El ángel estaba ahora intentando tocarme. Varias veces le decía: “No me toque. ¡Salga de aquí!”. Nadie lo veía, solamente yo. ¡Que perturbación! ¿Cómo hablar de eso con alguien? Yo comenzaba a pensar en cómo huir de aquel que se estaba convirtiendo tan aterrador para mí. Estaba sintiendo otra vez mucho miedo, el mismo miedo que sentía cuando era niña.

María de Fátima da Cruz Carvalho


Publicado por Edir Macedo