Nuevas Fotos – Momentos de Reflexión – 20/01/2010
20 de Enero de 2010
Publicado por Edir Macedo
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Mi nombre es Rosana Vaz Wolters, tengo 44 años y esta es mi historia:
A los 3 años de edad, mi madre se separó de mi padre, que, por ser alcohólico, ya no estaba presente ni ayudaba con los gastos de la casa. Con mucho esfuerzo, mi mamá criaba sola a sus tres hijos. A pesar de la dificultad financiera, recuerdo una infancia feliz.
Cuando tenía 7 años, mi madre se casó de nuevo. Su nuevo marido era un hombre muy agresivo y nervioso. Cualquier cosa lo ponía serio y, como consecuencia, las peleas eran constantes dentro de casa. Por no soportar el clima tenso, yo siempre encontraba la forma de dormir en la casa de una amiga para escapar de mi realidad.
Al comienzo de mi adolescencia, estuve rigurosamente en contra de las drogas, cigarrillos y el alcohol, pero, con el paso del tiempo, cedí ante la presión de los amigos, comencé a fumar, a tomar y, cuando me di cuenta, ya estaba fumando marihuana.
Después de una seria discusión con mi padre, resolví no regresar más a casa. Fui, entonces, a vivir de favor hasta que pudiera tener mi propio lugar.
En aquella época, mi presente estaba pésimo. Como no quería recordar el pasado, resolví querer saber del futuro. Como consecuencia, fui a una cartomante. Durante la consulta, ella describió mi pasado en detalle. Eso luego me impresionó mucho, porque jamás la había visto. Obviamente, supe después que, en realidad, yo estaba teniendo una consulta con un espíritu inmundo, por eso, ella sabía todo. El causante de la destrucción en el pasado estaba allí para hablar conmigo a través de esa señora. Como resultado, decidí salir del Brasil, renuncié a un trabajo promisorio y fui, en primer lugar, a España y después a Londres, en Inglaterra.
En Europa, el acceso a diversas culturas y religiones es enorme. En poco tiempo, estaba profundizando en filosofías religiosas que predicaban el karma y la reencarnación.
Grande fue mi engaño porque la Palabra de Dios nos dice que: “… está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).
Creo que uno de los mayores engaños de ciertas filosofías es hacernos creer que solamente Dios y el cielo existen, pero que el infierno y el diablo son figuras ficticias, casi folclóricas, porque, una vez que creemos solamente en la existencia de Dios y del cielo, no sentimos necesidad de ser salvos. ¿Salvos de qué? Me preguntaba cuando alguien me decía que estaba perdida y necesitaba de salvación. Sin embargo, la Biblia describe el infierno en detalle y nos alerta contra el padre de la mentira y enemigo de nuestras almas.
En Londres, experimenté con nuevas drogas como el hachís y el LSD, además de diferentes tipos de marihuana de laboratorio. Con el tiempo, pasé a fumar todos los días y, así, fui gastando todo lo que ganaba con drogas, shows, bebidas y cigarrillos.
Después de una economía forzosa, me mudé a Australia. Allí, experimenté con éxtasis y cocaína. Seguía sin mucha relación con mi familia. Hablar con ellos era recordar aquello con lo que luchaba para olvidar.
Durante mi estadía en Australia, que fue de 3 años y 5 meses, conocí a Junior Marvin, el líder y vocalista de una banda de reggae llamada The Wailers – la banda que acompañó a Bob Marley durante 14 años (sólo menciono su nombre porque él me lo permitió).
El brillo del escenario y la posibilidad de poseer cualquier tipo de fama me encantaron. En el verano de 1995, viajé con él por toda Europa. Amaba participar del asedio de los fans, entrevistas y toda la atención que él recibía. No sabia que todo era y es ilusión.
En aquel mismo año, me casé con Junior y quedé embarazada. Recuerdo que pensé: “¿Cómo será ahora que tendré que dejar las drogas por un tiempo?”. El miedo de encarar mi realidad sin cualquier tipo de anestesia era muy grande.
Seis meses después del nacimiento de mi hija, fui a vivir a Brasil para quedarme cerca de mi familia, en Goiânia. Mi mamá se había convertido, pero mi orgullo no permitía que yo visitara su casa, porque, a pesar de seguir filosofías que predicaban la paz interior, el perdón, la calma y la tranquilidad, bastaba con mirar a mi padrastro para que quedase trastornada. Él, por su parte, me recibía de brazos abiertos y se entristecía por el hecho de que no le permitía quedarse con mi hija. Así, constaté que las filosofías religiosas de las que tanto leía al respecto no valían nada. Yo todavía era esclava del odio, del dolor, del resentimiento y del orgullo.
Llevada por mi hermano y su suegra, así llegué a la Iglesia Universal, viviendo de favor, sin empleo, sin auto, con una hija de 9 meses para criar, matrimonio fracasado, llena de dolor, rencor, sufriendo con una úlcera en el estómago, ataques de pánico, fumando marihuana, cigarrillos y dependiendo del alcohol.
La primera reunión en la que participé fue de liberación, con el entonces pastor y ahora obispo Marcus Silva. A pesar de no entender mucho lo que estaba sucediendo, percibí inmediatamente que allí había un poder diferente. Vi personas siendo verdaderamente libres a través de la oración del pastor. Entendí que era yo, más que todos aquellos a los que culpaba por mi amargura, quien necesitaba de liberación urgente. Para el asombro de mi familia, que me consideraba la “oveja negra”, permanecí en la Universal. Era el comienzo de una nueva vida.
Estoy muy agradecida a los obispos, pastores y obreros de la IURD, en especial a la Sra. Roseli, porque yo, recién llegada a la Iglesia, al saber que ella era ex mai de santo, luego quise conversar con ella.
Por el hecho de que todavía no estaba liberada, en verdad, estaba buscando una palabra de revelación, pues yo había visto, en otras iglesias, algunas personas que, en nombre de Dios, hacían algo muy parecido a lo que hacían las cartomantes que consultaba, entonces, yo había encontrado un paliativo para mi vicio de cartomancia.
Pero, para mi vergüenza, su respuesta era siempre la misma: “El hombre de Dios terminó de enseñar en el altar lo que usted tiene que hacer para cambiar de vida. ¿Escuchaste lo que dijo?”, ella me preguntaba. “Escuché”, le respondía. “Entonces, ¿por qué estás aquí preguntándome todo de nuevo? ¿Crees que mi respuesta va a ser diferente? Yo no soy más mai de santo y nunca volveré a aquella vida, pues, si todo el mundo tuviera la oportunidad de ver lo que vi, no jugarían ni un minuto con las cosas de Dios, y vivirían el día de hoy como si fuera el último, porque usted nunca sabe cuántos minutos tiene de vida. Sea obediente, arréglese con Dios, haga lo que el pastor mandó y verá la respuesta en su vida”. Así, obedecí.
Después de algunos años, me mudé a los Estados Unidos con mi hija, comencé a trabajar como empleada de limpieza y me mantuve fiel.
Me casé nuevamente, Mi marido, Alan Wolters, es un esposo y padre maravilloso. Nuestros hijos se llevan súper bien. Vivimos en una casa confortable, vivimos en paz y sin peleas.
A través de la fidelidad en los diezmos y ofrendas, Dios también nos ha prosperado. Hoy en día, no trabajo más en limpieza. En menos de un año, abrimos dos empresas, siendo una de ellas la inmobiliaria para la que un día trabajé. Tenemos autos de lujo, cenamos en los mejores lugares, en fin, todo cambió.
No puedo dejar de mencionar que mi relación con mi hija fue transformada. Hoy, aquel al que llamaba de padrastro es mi padre. No tengo más ninguna enfermedad o vicio.
Cierta vez, cuando oía al obispo Macedo hablar en la radio, invitándonos a usar nuestra inteligencia, él decía: “Mi amiga, usted que cree en cartomancia, ¿cree que su futuro está escrito en la palma de la mano? Por favor, use su inteligencia. ¿Y quien no tiene manos? ¿No tiene futuro?”. Esas palabras resonaron tan fuerte en mi espíritu, que creo que una de las cadenas que me ataba fue quebrada.
Yo, que me creía tan culta e inteligente, y allí fue presentada mi ignorancia. No pude hacer otra cosa sino reír. Sin demoras, entendí que necesitaba dejar de lado todo lo que había aprendido y empezar de nuevo. Así lo hice.
En la fe,
Rosana Wolters

Había una muchacha ciega que se odiaba por el hecho de haber nacido ciega. También odiaba a todos, excepto a su novio.
Un día, ella dijo que si pudiera ver al mundo se casaría con él. En un día de suerte, alguien le donó un par de ojos, entonces, su novio le preguntó: “Ahora que puedes ver, ¿te casarás conmigo?”.
La muchacha quedó shockeada cuando vio que su novio era ciego. Ella dijo: “lo siento mucho, pero no me puedo casar con vos porque eres… ciego”.
El novio, apartándose de ella, con lágrimas, dijo: “Por favor, sólo cuida bien a mis ojos. Eran lo mejor que tenía”.
Nunca desprecie a quien le ama. A veces, las personas hacen ciertos sacrificios y ni los consideramos. A pesar de que Jesús dio toda Su vida, aún así, la mayoría lo desprecia.
Sin palabras, la joven artista expresa, con las manos, el dolor del pueblo ucraniano cuando su país fue invadido por el sanguinario Hitler, que fue instrumento de la iglesia romana
El testimonio que sigue a continuación fue responsable por la conversión y salvación de varias almas:
Nacida en Minas Gerais, el 10 de febrero de 1941, Roseli Silva siempre tuvo una vida de muchas luchas. A pesar de haber sido rechazada en el vientre y entregada a su abuela paterna para su crianza, Roseli creció saludable, siempre apta para el trabajo duro.
A los 18 años se casó y enseguida tuvo tres hijos. Después de un tiempo, Roseli ya tenía su propio centro y cada día su dedicación a los espíritus inmundos, cuyos nombres no vale la pena mencionar, aumentaba. Además de hacer los trabajos espirituales, ella veía, oía y conversaba cara a cara con quien se proclamaba jefe del infierno.
A pesar de no cobrar nunca la consulta, ella seguía haciendo trabajos espirituales para ayudar a los que la buscaban.
Hasta que un día, viendo el noticiero por la televisión, vio una nota sobre el encarcelamiento del obispo Edir Macedo. Indignada, creyendo que el obispo era culpable de todas las acusaciones, y que estaba actuando de mala fe para con otros, resolvió hacer un trabajo definitivo para matar al obispo, ahí mismo, dentro de la prisión. Primero, ella quiso saber cuáles eran las verdaderas intenciones del obispo, sus acciones en el pasado y en el presente, para tener certeza de si él era o no culpable.
En caso de que fuera culpable, estaba ordenada su muerte en tres horas; en caso de que fuera inocente, debería ser liberado dentro de las mismas tres horas. Sus órdenes eran siempre seguidas al pie de la letra por el diablo.
Mientras tanto, algo inédito y muy curioso sucedió. La vela que ella había encendido no permanecía encendida. Ella la encendió tres veces y, a pesar de no haber ninguna brisa, continuaba apagándose. Fue ahí que, buscando respuestas, le preguntó al diablo, que le apareció cara a cara: “¿Por qué la vela no permanece prendida y ese tal obispo todavía vive? Luego, el demonio, conocido por el nombre de Lucifer, respondió: “No puedo tocar en él”.
“¿Cómo es eso?”, preguntó ella. “En este, yo no puedo tocar”, repitió él. “¿Y por qué no?”, preguntó nuevamente. “Porque él es justo. Él no está en falta”.
Al reconocer que había Uno que era mayor que aquel con el cual ella trabajaba, Roseli se indignó, pero el diablo siguió hablando: “Y es más, vine aquí también por última vez para darte un recado. De hoy en adelante, no tengo más nada contigo y cuando vayas para aquella Iglesia, que yo odio, y te pongas aquel uniforme de sangre, te estaré vigilando porque en tu primer desliz, te agarro, porque la cosa que mas detesto es perder un alma con el Grande”. Enseguida ella le respondió: “Entonces, de hoy en adelante, somos enemigos”.
Mientras sucedía eso, su asistente la llamaba para informarle que el hombre para el que había hecho el trabajo de muerte había sido liberado. Así fue confirmada para ella la inocencia del obispo Macedo.
Luego, entonces, ella pidió que fuera hecha justicia a los que tramaron en contra de él.
Sin perder tiempo, Roseli se deshizo de sus utensilios de macumba y, cuando se dio cuenta, estaba dentro de una Iglesia Universal, en Goiânia. Aún sin entender mucho lo que sucedía, ella cuenta que dentro de la Iglesia había muchos espíritus inmundos, pero, no estaban tan atrevidos, dando órdenes o gritando. Ella observó que muchos de ellos estaban de rodillas, atados, obedeciendo lo que el pastor Israel les estaba ordenando.
Observó también que estaba uno de los jefes del infierno volando por arriba del altar alrededor del pastor. Ella, en su simplicidad, comenzó a hablar con aquel demonio y le preguntó: “¿Por qué no le das una patada en la boca a ese hombre que está diciendo eso y aborreciéndome tremendamente?”. Él respondió: “No puedo”. “¿Por qué?”, ella siguió preguntando. “Él está con el estómago vació. No comió ni tomó nada. Hasta yo, si le doy un golpe, ¿lo hago caer? No puedo tocarlo porque no está en falta. Pero, yo se todo lo que le gusta y lo voy a poner en la puerta, a la salida de la Iglesia”, respondió con mucho odio aquel que permanecía alrededor del pastor.
Aquel día, comenzó el proceso de liberación de Roseli. A través de su obediencia a la Palabra de Dios y a los consejos de los pastores, ella perseveró en conocer a aquel Dios que protegió al obispo de su trabajo espiritual. Su liberación no tardó mucho y, en poco tiempo, la Sra. Roseli estaba también bautizada en las aguas y en el Espíritu Santo.
Aún sabiendo que Dios ya había perdonado sus errores del pasado, la Sra. Roseli traía en su interior el sueño de pedirle perdón al obispo Macedo. Dios realizó su sueño y, como muestran las imágenes, ella tuvo la oportunidad de, personalmente, pedirle el tan esperado perdón al obispo Macedo, a quien, hoy en día, ella escucha constantemente, ora por él y por su familia.
Hoy en día, ella tiene placer de dar su testimonio para ganar almas para el Reino de Dios, siendo yo una de ellas. Llegué a la Iglesia enferma, en los vicios del alcohol, drogas, cigarrillos, seguidora de varias sectas, y también enviciada en la cartomancia, sin dinero, sin trabajo y sin casa.
¡Hoy, estoy libre, saludable, bien casada, feliz y próspera, Gracias a Dios!
Como dijo la Sra. Roseli: “Jamás saldré de la Iglesia Universal. Aunque el obispo Macedo saliera, lo que es imposible, de ella yo jamás saldré porque conozco la verdad. Sé que estoy viva debido al esfuerzo, dedicación y a la obediencia de él y de sus pastores a la Palabra de Dios”.
Por Rosana Wolters

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:
“¿Cuántos riñones tenemos?”
“¡Cuatro!”, responde el alumno.
“¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos.
“Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar.
“¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, entre tanto, el humorista Aparício Torelly Aporelly (1895-1971), más conocido como el “Barón de Itararé”.
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furiosos maestro:
“Usted me preguntó cuantos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.
La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás.
¡Y haya pasto!

El mundo evalúa a las personas por lo que tienen. Dinero, poder político, belleza, fuerza, coraje, conocimientos generales, inteligencia y cosas así. Solamente el exterior.
Pero Dios ve a las personas por lo que son. Su interior: el corazón.
Ha sido un gran error pensar que los pecados impiden la acción del Espíritu de Dios. Si así fuera, Jesús no hubiera hecho tantos milagros en medio del pueblo. En verdad, el villano que ha detenido la obra de Dios es la hipocresía. El hipócrita no tiene humildad para reconocer sus errores. Por eso, además de mantenerse lejos de Dios, les cobra a los demás la pureza que no tiene.
Por otro lado, la Biblia relata magníficos ejemplos de personas cubiertas de pecados y que alcanzaron la compasión Divina sólo por un acto de humildad sincera.
Acab fue uno de los peores reyes de Israel. Instigado por Jezabel, su mujer, hizo grandes abominaciones contra el Señor, siguiendo a los ídolos. Pero cuando Elías profetizó el mal que vendría sobre su casa, inmediatamente, él se humilló delante del Señor. Rasgó sus vestiduras, se cubrió de cilicio y ayunó. Y, como si no fuera suficiente, durmió en bolsas y anduvo cabizbajo.
Su actitud de fe práctica conmovió el corazón de Dios. Y la respuesta vino luego. Dijo el Señor a Elías:
“¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días” (1 Reyes 21:17-29)

Había un padre que vivía con sus dos jovenes hijas, niñas muy curiosas e inteligentes.
Sus hijas siempre le hacían muchas preguntas.
Algunas, las sabía responder, otras, no tenía la mínima idea de la respuesta.
Como pretendía ofrecer la mejor educación a sus hijas, las envió para pasar las vacaciones con un viejo sabio que vivía en lo alto de una colina.
Este, a su vez, respondía todas las preguntas sin dudar.
Muy impacientes con esa situación, pues constataron que tal anciano era realmente sabio, decidieron inventar una pregunta que el sabio no supiera responder.
Pasaron algunos días y una de las niñas apareció con una linda mariposa azul y dijo a su hermana:
“¡Esta vez, el sabio no va a saber la respuesta!”
“¿Qué vas hacer?” Le preguntó la otra niña.
“Tengo una mariposa azul en mis manos. Voy a preguntarle al sabio si la mariposa está viva o muerta. Si él dijera que está muerta, voy a soltar mis manos y dejarla volar hacia el cielo. Si él dijera que está viva, voy apretarla rápidamente, aplastarla y, así, matarla. Como consecuencia, cualquier respuesta que el anciano nos dé va a estar equivocada.”
Las dos niñas fueron, entonces, al encuentro del sabio, que estaba meditando bajo un eucalipto en la montaña.
La niña se acercó y le preguntó si la mariposa en su mano estaba viva o muerta.
Calmo, el sabio sonrrió y le respondió:
“Depende de usted. Ella está en sus manos.”
Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro.
No debemos culpar a nadie porque algo salió mal.
El fracaso es apenas una oportunidad de comenzar nuevamente con más inteligencia.
Somos nosotros los responsables por aquello que conquistamos o no.
Nuestra vida está en nuestras manos, como una mariposa azul.
Nos cabe a nosotros elegir que hacer con ella, sólo a nosotros. No deje que nadie interfiera en eso. ¡Nunca!