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Domingo, 21 de Marzo de 2010

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Carta de perdón al Obispo Macedo

Miércoles, Marzo 17th, 2010

¡Obispo Macedo!

Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.

Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.

¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.

Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.

Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.

Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!

Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo… jejejeje… ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?

Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.

Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.

Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.

Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.

¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.

Mara Lucia
IURD Orlando

¡Dramático llamado!

Miércoles, Febrero 17th, 2010

fundo3

Mi nombre es Patricia, tengo 17 años, y me encuentro, en este momento, casi sin fuerzas, pero le pedí a la enfermera Dane, mi amiga, que escriba esta carta que será dirigida a los jóvenes de todo Brasil, antes de que sea demasiado tarde:

“Era una joven ‘sana’, criada en una excelente familia de clase media alta, en Florianópolis. Mi padre es ingeniero electrónico de una gran empresa y buscó dar siempre, a mis hermanos y a mí, todo lo bueno y lo mejor, incluso libertad, que nunca supe aprovechar.

A los 13 años, gané un concurso para modelo y maniquí de una gran agencia de modelos, y fue hasta el final del concurso que seleccionó extras para un importante programa de televisión. Fui también seleccionada para hacer un book en otra gran agencia de modelos, en San Pablo.

Siempre me destaqué por mi belleza física. Llamaba la atención por donde sea que pasara.

Estudiaba en el mejor colegio de Florianópolis. Tenía a todos los chicos del colegio a mis pies.

En los fines de semana, iba a shoppings, playas, cines; probaba con mis amigas todo lo mejor que la vida puede ofrecer a las personas ‘sanas’, física y mentalmente.

Pero, como la vida nos tiene reservadas algunas sorpresas, mi destino empezó a cambiar en octubre de 2004. Fui con un grupo de amigos para el Oktoberfest, en Blumenau (Santa Catarina).

Mis padres confiaban en mí y me dejaron ir sin más apego. En Blumenau, encontré todo bien. Hicimos un ‘ejercicio’ en Bude, un famoso bar en la Calle XV.

A la noche, fuimos al ‘Proeb’ y en el ‘Pabellón Gallego’ había un show sencillo de la banda Cavallito Blanco.

Aquel grupo de gente era ‘trimaneira’.

Yo ya había probado algunas bebidas. Tomaba, a escondidas de mi madre, el Licor Amarula, pero nunca me había emborrachado.

El jueves, primer día del Oktoberfest, tomé mi primer chopp de cerveza.

¡Qué buena sensación! Pasé toda la noche ‘tontita’. Besé a unos 10 chicos. Incluso, mis amigas ponían la cerveza en una mamadera, mezclado con guaraná para engañar a los ‘meganhas’ (policías), porque un menor de edad no podía beber. Pero tomamos toda la noche y los ‘otarios’ no se dieron cuenta.

Allá por las 4 de la mañana, me llevaron al Puesto Sanitario, casi en un coma alcohólico, en una camilla de los bomberos.

Me dieron unas inyecciones de glucosa para que mejore. Cuando fui al departamento, casi vomito las tripas, pero mi grito de libertad ya había sido dado.

Al día siguiente, aquel dolor de cabeza horrible, un malestar de aquellos, como un síndrome pre-menstrual.

El sábado, conocimos a un grupo de San Pablo, que alquilaba un departamento en el mismo edificio. Nadie imaginaba que en ese mismo día me estaban presentando a mi futuro asesino.

Tomé un poco el sábado. La fiesta no estaba buena, pero a eso de las 5:30 de la mañana fuimos al ‘depto’ de los chicos para pasar el resto de la noche. Había de todo y me presentaron el famoso ‘porro’ (cigarrillo de marihuana), que me ofrecieron.

Al principio, me resistí, pero me dijeron ‘Catarina careta’. Pudieron con nuestros nervios y terminamos experimentando. Tuve una sensación exquisita, de bajo astral, pero, al día siguiente, antes de salir, experimenté nuevamente.

El mayor del grupo, ‘Marcos’, hacía carreritas y aspiraba un polvo blanco que descubrí que era cocaína. Me ofrecieron, pero no tuve valor aquel día.

Regresamos a ‘Floripa’, pero percibí que algo había cambiado. Sentía la necesidad de buscar nuevas experiencias, y no tardé mucho en encontrarme con mi asesino: ‘DROGAS’.

Al poco tiempo, mis mejores amigos fueron apartándose cuando comencé a envolverme con un grupo pesado y, sin darme cuenta, ya era una químico-dependiente, a partir del momento en que la droga comenzó a formar parte de mi cotidianeidad.

Hice viajes alucinantes, fumé marihuana, mezclada con estiércol de caballo, probé cocaína mezclada con un montón de basura.

El grupo y yo descubrimos que mezclando cocaína con sangre, su efecto era más fuerte y, al poco tiempo, no compartíamos la jeringa, y sí la sangre que cada uno cedía para diluir el polvo.

Al principio, mi mesada cubría mis gastos con las malditas, porque el grupo las repartía y el precio era accesible. Empecé a comprar la ‘blanca’ a R$10,00 el gramo, pero no tardé mucho en conseguir solamente a R$20,00 la buena, y yo necesitaba, como mínimo, cinco dosis diarias.

Salía los viernes y volvía los domingos con mis ‘nuevos amigos’. A veces, conseguíamos ‘éxtasis’. Bailábamos en los ‘points’ toda la noche y después… ¡fiesta!

Mi comportamiento había cambiado en casa. Mis padres se habían dado cuenta, pero al principio lo disfrazaba y les decía que ellos no tenían nada que ver con mi vida.

Empecé a robar en casa pequeñas cosas para vender o cambiar por drogas. Al poco tiempo, el dinero empezó a faltar y para conseguirlo me prostituía con unos viejos que pagaban bien.

Sentía enojo por vender mi cuerpo, pero era necesario para conseguir dinero. Al poco tiempo, toda mi familia se fue resquebrajando.

Fui internada varias veces en clínicas de recuperación. Mis padres, siempre con mucho amor, gastaban fortunas para tratar de revertir el cuadro.

Cuando salía de la clínica, aguantaba algunos días, pero luego me estaba picando nuevamente. Dejé todo: escuela, buenos amigos y familia.

En diciembre de 2007, fue decretada mi sentencia de muerte. Descubrí que había contraído el virus del SIDA, no sé si picándome, o a través de relaciones sexuales, muchas veces, sin condón.

Le debo haber contagiado el virus a un montón de gente, porque los hombre pagaban más para tener sexo sin condón.

Al poco tiempo, mis valores, que sólo ahora reconozco, fueron acabándose: familia, amigos, padres, religión, Dios – hasta Dios – todo me parecía ridículo.

Mi padre y mi madre hicieron todo, por eso nunca voy a dejar de amarlos. Ellos me dieron el bien más preciado que es la vida y yo la tiré al caño.

Estoy internada, pesando 24 Kg. horrible. No quiero recibir visitas porque no pueden verme así. No sé hasta cuando sobreviviré, pero, de lo más profundo de mi corazón, le pido a los jóvenes que no entren en este viaje de locura.

Usted, con seguridad, se va a arrepentir así como yo, pero creo que es demasiado tarde para mí”.

OBS: Patricia se encontraba internada en el Hospital Universitario de Florianópolis y la enfermera Danelise, que la cuidaba, comunicó que Patricia murió 14 horas después que escribieron esta carta, de un paro cardiorrespiratorio como consecuencia del SIDA.

Libres de la homosexualidad

Lunes, Febrero 8th, 2010

Los dos testimonios que siguen a continuación son muy fuertes y demuestran el poder de transformación que sólo se encuentra cuando hay una verdadera búsqueda y entrega al Señor Jesús. Para Dios no hay imposibles:

Testimonio de Viviane Dias:

Mi nombre es Viviane Dias, tengo 32 años y nací en Vila Velha (ES). Soy hija de padres separados y siempre tuve muchos problemas en casa debido a la separación de mis padres. Tenía mucho dolor, rabia, tristeza, angustia, traumas y complejos.

A los 20 años, conocí una “falsa felicidad” en la vida nocturna, donde encontré amigos, borracheras, prostitución y, con el paso del tiempo, ya estaba viciada en todo tipo de bebidas y no tenía más control de mí misma. Me fui destruyendo de a poco y no me daba cuenta. Algunas personas me decían que yo misma iba a terminar con mi vida si no daba un basta, pero yo no lo creía.

Cuando cumplí 22 años conocí a Nora, una persona que se convirtió en una gran amiga, al punto de relacionarme íntimamente con ella. Fue cuando me convertí en homosexual.

Aún sabiendo que muchas personas se iban a poner en contra mía, no me importaba, porque ya era mayor de edad y dueña de mi propia vida.

Pasaron 7 años, y durante este período hasta me sentía bien, pero continuaba el vacío dentro mío. Me mudé a Estados Unidos y la situación fue aún peor. Me endeudé mucho para llegar, no conseguía un buen trabajo, no hablaba el idioma, fue todo muy difícil. Estaba siempre muy nerviosa y depresiva. Llegué al punto de desear mi propia muerte, pues creía que no había solución para mi vida.

Fue entonces que un día estaba saliendo de un supermercado y una obrera de la Iglesia Universal se acercó para evangelizarme. Intenté resistir a la invitación debido al prejuicio en relación a esa Iglesia. Pero mi sufrimiento fue mayor que mi prejuicio y allí fui. Domingo por la mañana, reunión con el obispo Edir Macedo. Y parte de la prédica fue sobre la homosexualidad. No entendí de dónde me conocía para hablar sobre mi vida de esa forma. Aún sin gustarme la prédica, volví a la Iglesia por segunda vez y para mi sorpresa el asunto fue el mismo: homosexualidad. Decidí no volver más. Busqué ayuda en otra iglesia muy conocida aquí en Florida, pero cuando conté que era homosexual, la asistente dijo “que no podría quedarme allí, porque su doctrina no lo permitía”. Y así fui, entonces, en búsqueda de ayuda en otras iglesias y tuve la misma respuesta.

Después de tanto rechazo y prejuicio en relación a lo que yo vivía, resolví volver a la Iglesia Universal porque vi que allí pasaba algo diferente. No sabía qué era, pero allí me sentía bien, aún escuchando lo que no quería. Comencé a frecuentar las reuniones y, en pocos días, busqué a la obrera que me había evangelizado y le conté que era homosexual. Fue allí, en medio al miedo de un nuevo rechazo, que ella dijo: “Dios busca personas como usted. Él no exige que usted sea santa o no tenga problemas. Él exige que usted sea sincera y quiera una transformación de vida. Quiénes somos nosotros para juzgarte”.

De ahí en adelante, comencé a hacer las cadenas de liberación y todo lo que el pastor enseñaba. Aún estando en pecado, pasé a ser diezmista fiel y Dios comenzó a bendecirme. Vino la Hoguera Santa de Israel de 2007 e hice mi sacrificio, a favor de mi liberación, pues no encontraba justa mi posición delante de Dios, pero no tenía fuerzas suficientes para salir de esa vida. Pasó un mes y nada cambiaba. Me indigné en contra de la situación en la que estaba y tomé una actitud de no aceptar más aquella vida. Dios me escuchó y respondió en el mismo instante. Nos acostamos como homosexuales y nos levantamos libres. Miré a Nora y lo que sentía por ella, que era una pasión insalubre, se transformó en un amor de hermanas. Dios nos liberó en el mismo instante.

Pasé por un proceso de liberación en la Iglesia. Manifestaba con demonios, después me bauticé en las aguas. Hoy estoy libre, tengo paz, tengo alegría, Dios curó todas las enfermedades de mi alma.

Gracias a Dios y al trabajo realizado por la Iglesia Universal del Reino de Dios.

Viviane Dias, evangelista de la IURD de Pompano Beach, Florida.

Testimonio de Nora Costa

Mi nombre es Nora Costa, tengo 42 años y nací en Posto da Mata (BA). Tuve muchas luchas en mi vida, pero sólo conocí la verdadera felicidad después que encontré al Señor Jesús.

Durante mucho tiempo, recibí varias invitaciones para ir a la Iglesia, pero no las aceptaba porque creía que Dios estaba en todas partes y que lo que me predicaban eran meras tonterías.

Estaba con mi vida destruida, con depresión, ganas de morir, autoestima muy baja y no creía más en mí. Era homosexual hacía 28 años, presidente y mai de santo de un centro, odiaba el lugar donde vivía, que es aquí en los Estados Unidos, donde mucha gente sueña con vivir, en fin, estaba en el fondo del pozo y no tenía más nadie a quien recurrir. Fue así que llegué a la Iglesia Universal.

Recuerdo que la primera vez que fui a la Iglesia, el obispo Edir Macedo era quien estaba predicando y, dígase de paso, no me gustaba ni un poquito, aún sin conocerlo, sólo de oír a través de los medios. Este día, el obispo predicó justamente sobre la homosexualidad y me enojé mucho más. Salí de la Iglesia con mucha más rabia contra el obispo y diciendo que nunca más volvería a esa iglesia. Infelizmente, insultando al obispo de todo, pensé así: “¿Quién es ese hombre que habla de mi vida sin conocerme?”

Pero, aún no queriendo volver a la Iglesia porque estaba con rabia, algo dentro mío estaba diferente, entonces, por segunda vez volví a la Iglesia Universal. Pero una vez el obispo Macedo estaba allí y una vez más predicó sobre la homosexualidad. Sólo que esta vez tuve una crisis muy fuerte de llanto y no sabía por qué lloraba tanto, pero, aún así, cuando terminó la reunión, salí de la Iglesia nuevamente con aún más rabia del obispo porque no sabía quién le había hablado de mi vida, y lo más increíble era que él no me conocía, pero cuando predicaba parece que sólo me miraba a mí. Yo me ponía muy rabiosa. Tenía ganas de levantarme y salir, pero no podía.

Después de esa reunión, aún escuchando lo que no quería escuchar, comencé a tener ganas de escuchar la Palabra de Dios, pero no quería volver ni quedarme en la Iglesia Universal porque había quedado con rabia del obispo y de su prédica. Entonces, comencé la peregrinación por la iglesias. Fui a varias iglesias, y como no quería engañar a nadie, hablaba sobre mi vida, que estaba casada con una mujer y en algunas de estas iglesias me dijeron que su doctrina no aceptaba personas con este tipo de problema, y que Viviane (que era mi compañera) y yo no podíamos quedarnos. Entonces, sin opción, volvimos a la Iglesia Universal.

Creyendo que si contaba mi problema la respuesta sería la misma de las otras iglesias, llamamos a la obrera que no evangelizó y le contamos todo y, para mi sorpresa, y en ese momento hasta una desilusión, ella ni cambió su semblante y nos dijo: “Quiénes somos nosotros para juzgarlas. El Señor dijo: ‘ven a mí como estás’, pero la única cosa que espero que ustedes sepan es que lo que viven es pecado, pero no es un problema nuestro y sí entre ustedes y Dios. Aquí nosotros sólo podemos ayudarlos en oración, propósitos y ayunos por su liberación. Después que escuché esas palabras, aún así hablamos con el pastor y su esposa y la respuesta fue la misma. Después de eso, nunca más salí de la Iglesia.

Permanecí en la Iglesia, hice varias cadenas de liberación, donde manifestaba con varias legiones de demonios y, aún así, no desistí, perseveré. Con 3 meses en la Iglesia llegó la campaña de la Hoguera Santa de Israel y la hice por nuestra liberación. Entregamos nuestro voto en día 16 de diciembre de 2007, pero sólo fuimos liberadas un mes después, porque antes no tenía fuerza para dejar la vida que llevaba. Hasta que un día, cuando fui a acostarme y el diablo me tentó, en el mismo momento me levanté, tomé a Viviane de la mano y, juntas, expulsamos al diablo de nuestro cuarto. En esa noche, dormimos gustando la una de la otra y al otro día, cuando nos levantamos, lo que sentíamos no existía más. Fue muy fuerte. Me sentí liviana, como si un peso hubiese salido de mi espalada y hasta hoy Viviane y yo somos realmente amigas y hermanas.

Hoy, soy una persona feliz, libre, con mucha paz, pero estoy siempre vigilando, porque soy humana y falla. Miro sólo para mi Señor y Salvador Jesucristo. Agradezco a Dios por haberme rescatado de las manos de satanás a través del trabajo de la Iglesia Universal.

Nora Costa, evangelista de la IURD de Pompano Beach, Florida.

Testimonio

Martes, Enero 19th, 2010

Mi nombre es Rosana Vaz Wolters, tengo 44 años y esta es mi historia:

A los 3 años de edad, mi madre se separó de mi padre, que, por ser alcohólico, ya no estaba presente ni ayudaba con los gastos de la casa. Con mucho esfuerzo, mi mamá criaba sola a sus tres hijos. A pesar de la dificultad financiera, recuerdo una infancia feliz.

Cuando tenía 7 años, mi madre se casó de nuevo. Su nuevo marido era un hombre muy agresivo y nervioso. Cualquier cosa lo ponía serio y, como consecuencia, las peleas eran constantes dentro de casa. Por no soportar el clima tenso, yo siempre encontraba la forma de dormir en la casa de una amiga para escapar de mi realidad.

Al comienzo de mi adolescencia, estuve rigurosamente en contra de las drogas, cigarrillos y el alcohol, pero, con el paso del tiempo, cedí ante la presión de los amigos, comencé a fumar, a tomar y, cuando me di cuenta, ya estaba fumando marihuana.

Después de una seria discusión con mi padre, resolví no regresar más a casa. Fui, entonces, a vivir de favor hasta que pudiera tener mi propio lugar.

En aquella época, mi presente estaba pésimo. Como no quería recordar el pasado, resolví querer saber del futuro. Como consecuencia, fui a una cartomante. Durante la consulta, ella describió mi pasado en detalle. Eso luego me impresionó mucho, porque jamás la había visto. Obviamente, supe después que, en realidad, yo estaba teniendo una consulta con un espíritu inmundo, por eso, ella sabía todo. El causante de la destrucción en el pasado estaba allí para hablar conmigo a través de esa señora. Como resultado, decidí salir del Brasil, renuncié a un trabajo promisorio y fui, en primer lugar, a España y después a Londres, en Inglaterra.

En Europa, el acceso a diversas culturas y religiones es enorme. En poco tiempo, estaba profundizando en filosofías religiosas que predicaban el karma y la reencarnación.

Grande fue mi engaño porque la Palabra de Dios nos dice que: “… está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Creo que uno de los mayores engaños de ciertas filosofías es hacernos creer que solamente Dios y el cielo existen, pero que el infierno y el diablo son figuras ficticias, casi folclóricas, porque, una vez que creemos solamente en la existencia de Dios y del cielo, no sentimos necesidad de ser salvos. ¿Salvos de qué? Me preguntaba cuando alguien me decía que estaba perdida y necesitaba de salvación. Sin embargo, la Biblia describe el infierno en detalle y nos alerta contra el padre de la mentira y enemigo de nuestras almas.

En Londres, experimenté con nuevas drogas como el hachís y el LSD, además de diferentes tipos de marihuana de laboratorio. Con el tiempo, pasé a fumar todos los días y, así, fui gastando todo lo que ganaba con drogas, shows, bebidas y cigarrillos.

Después de una economía forzosa, me mudé a Australia. Allí, experimenté con éxtasis y cocaína. Seguía sin mucha relación con mi familia. Hablar con ellos era recordar aquello con lo que luchaba para olvidar.

Durante mi estadía en Australia, que fue de 3 años y 5 meses, conocí a Junior Marvin, el líder y vocalista de una banda de reggae llamada The Wailers – la banda que acompañó a Bob Marley durante 14 años (sólo menciono su nombre porque él me lo permitió).

El brillo del escenario y la posibilidad de poseer cualquier tipo de fama me encantaron. En el verano de 1995, viajé con él por toda Europa. Amaba participar del asedio de los fans, entrevistas y toda la atención que él recibía. No sabia que todo era y es ilusión.

En aquel mismo año, me casé con Junior y quedé embarazada. Recuerdo que pensé: “¿Cómo será ahora que tendré que dejar las drogas por un tiempo?”. El miedo de encarar mi realidad sin cualquier tipo de anestesia era muy grande.

Seis meses después del nacimiento de mi hija, fui a vivir a Brasil para quedarme cerca de mi familia, en Goiânia. Mi mamá se había convertido, pero mi orgullo no permitía que yo visitara su casa, porque, a pesar de seguir filosofías que predicaban la paz interior, el perdón, la calma y la tranquilidad, bastaba con mirar a mi padrastro para que quedase trastornada. Él, por su parte, me recibía de brazos abiertos y se entristecía por el hecho de que no le permitía quedarse con mi hija. Así, constaté que las filosofías religiosas de las que tanto leía al respecto no valían nada. Yo todavía era esclava del odio, del dolor, del resentimiento y del orgullo.

Llevada por mi hermano y su suegra, así llegué a la Iglesia Universal, viviendo de favor, sin empleo, sin auto, con una hija de 9 meses para criar, matrimonio fracasado, llena de dolor, rencor, sufriendo con una úlcera en el estómago, ataques de pánico, fumando marihuana, cigarrillos y dependiendo del alcohol.

La primera reunión en la que participé fue de liberación, con el entonces pastor y ahora obispo Marcus Silva. A pesar de no entender mucho lo que estaba sucediendo, percibí inmediatamente que allí había un poder diferente. Vi personas siendo verdaderamente libres a través de la oración del pastor. Entendí que era yo, más que todos aquellos a los que culpaba por mi amargura, quien necesitaba de liberación urgente. Para el asombro de mi familia, que me consideraba la “oveja negra”, permanecí en la Universal. Era el comienzo de una nueva vida.

Estoy muy agradecida a los obispos, pastores y obreros de la IURD, en especial a la Sra. Roseli, porque yo, recién llegada a la Iglesia, al saber que ella era ex mai de santo, luego quise conversar con ella.

Por el hecho de que todavía no estaba liberada, en verdad, estaba buscando una palabra de revelación, pues yo había visto, en otras iglesias, algunas personas que, en nombre de Dios, hacían algo muy parecido a lo que hacían las cartomantes que consultaba, entonces, yo había encontrado un paliativo para mi vicio de cartomancia.

Pero, para mi vergüenza, su respuesta era siempre la misma: “El hombre de Dios terminó de enseñar en el altar lo que usted tiene que hacer para cambiar de vida. ¿Escuchaste lo que dijo?”, ella me preguntaba. “Escuché”, le respondía. “Entonces, ¿por qué estás aquí preguntándome todo de nuevo? ¿Crees que mi respuesta va a ser diferente? Yo no soy más mai de santo y nunca volveré a aquella vida, pues, si todo el mundo tuviera la oportunidad de ver lo que vi, no jugarían ni un minuto con las cosas de Dios, y vivirían el día de hoy como si fuera el último, porque usted nunca sabe cuántos minutos tiene de vida. Sea obediente, arréglese con Dios, haga lo que el pastor mandó y verá la respuesta en su vida”. Así, obedecí.

Después de algunos años, me mudé a los Estados Unidos con mi hija, comencé a trabajar como empleada de limpieza y me mantuve fiel.

Me casé nuevamente, Mi marido, Alan Wolters, es un esposo y padre maravilloso. Nuestros hijos se llevan súper bien. Vivimos en una casa confortable, vivimos en paz y sin peleas.

A través de la fidelidad en los diezmos y ofrendas, Dios también nos ha prosperado. Hoy en día, no trabajo más en limpieza. En menos de un año, abrimos dos empresas, siendo una de ellas la inmobiliaria para la que un día trabajé. Tenemos autos de lujo, cenamos en los mejores lugares, en fin, todo cambió.

No puedo dejar de mencionar que mi relación con mi hija fue transformada. Hoy, aquel al que llamaba de padrastro es mi padre. No tengo más ninguna enfermedad o vicio.

Cierta vez, cuando oía al obispo Macedo hablar en la radio, invitándonos a usar nuestra inteligencia, él decía: “Mi amiga, usted que cree en cartomancia, ¿cree que su futuro está escrito en la palma de la mano? Por favor, use su inteligencia. ¿Y quien no tiene manos? ¿No tiene futuro?”. Esas palabras resonaron tan fuerte en mi espíritu, que creo que una de las cadenas que me ataba fue quebrada.

Yo, que me creía tan culta e inteligente, y allí fue presentada mi ignorancia. No pude hacer otra cosa sino reír. Sin demoras, entendí que necesitaba dejar de lado todo lo que había aprendido y empezar de nuevo. Así lo hice.

En la fe,

Rosana Wolters

Ex “mai de santo” pide perdón

Martes, Enero 12th, 2010

El testimonio que sigue a continuación fue responsable por la conversión y salvación de varias almas:

Nacida en Minas Gerais, el 10 de febrero de 1941, Roseli Silva siempre tuvo una vida de muchas luchas. A pesar de haber sido rechazada en el vientre y entregada a su abuela paterna para su crianza, Roseli creció saludable, siempre apta para el trabajo duro.

A los 18 años se casó y enseguida tuvo tres hijos. Después de un tiempo, Roseli ya tenía su propio centro y cada día su dedicación a los espíritus inmundos, cuyos nombres no vale la pena mencionar, aumentaba. Además de hacer los trabajos espirituales, ella veía, oía y conversaba cara a cara con quien se proclamaba jefe del infierno.

A pesar de no cobrar nunca la consulta, ella seguía haciendo trabajos espirituales para ayudar a los que la buscaban.

Hasta que un día, viendo el noticiero por la televisión, vio una nota sobre el encarcelamiento del obispo Edir Macedo. Indignada, creyendo que el obispo era culpable de todas las acusaciones, y que estaba actuando de mala fe para con otros, resolvió hacer un trabajo definitivo para matar al obispo, ahí mismo, dentro de la prisión. Primero, ella quiso saber cuáles eran las verdaderas intenciones del obispo, sus acciones en el pasado y en el presente, para tener certeza de si él era o no culpable.

En caso de que fuera culpable, estaba ordenada su muerte en tres horas; en caso de que fuera inocente, debería ser liberado dentro de las mismas tres horas. Sus órdenes eran siempre seguidas al pie de la letra por el diablo.

Mientras tanto, algo inédito y muy curioso sucedió. La vela que ella había encendido no permanecía encendida. Ella la encendió tres veces y, a pesar de no haber ninguna brisa, continuaba apagándose. Fue ahí que, buscando respuestas, le preguntó al diablo, que le apareció cara a cara: “¿Por qué la vela no permanece prendida y ese tal obispo todavía vive? Luego, el demonio, conocido por el nombre de Lucifer, respondió: “No puedo tocar en él”.

“¿Cómo es eso?”, preguntó ella. “En este, yo no puedo tocar”, repitió él. “¿Y por qué no?”, preguntó nuevamente. “Porque él es justo. Él no está en falta”.

Al reconocer que había Uno que era mayor que aquel con el cual ella trabajaba, Roseli se indignó, pero el diablo siguió hablando: “Y es más, vine aquí también por última vez para darte un recado. De hoy en adelante, no tengo más nada contigo y cuando vayas para aquella Iglesia, que yo odio, y te pongas aquel uniforme de sangre, te estaré vigilando porque en tu primer desliz, te agarro, porque la cosa que mas detesto es perder un alma con el Grande”. Enseguida ella le respondió: “Entonces, de hoy en adelante, somos enemigos”.

Mientras sucedía eso, su asistente la llamaba para informarle que el hombre para el que había hecho el trabajo de muerte había sido liberado. Así fue confirmada para ella la inocencia del obispo Macedo.

Luego, entonces, ella pidió que fuera hecha justicia a los que tramaron en contra de él.

Sin perder tiempo, Roseli se deshizo de sus utensilios de macumba y, cuando se dio cuenta, estaba dentro de una Iglesia Universal, en Goiânia. Aún sin entender mucho lo que sucedía, ella cuenta que dentro de la Iglesia había muchos espíritus inmundos, pero, no estaban tan atrevidos, dando órdenes o gritando. Ella observó que muchos de ellos estaban de rodillas, atados, obedeciendo lo que el pastor Israel les estaba ordenando.

Observó también que estaba uno de los jefes del infierno volando por arriba del altar alrededor del pastor. Ella, en su simplicidad, comenzó a hablar con aquel demonio y le preguntó: “¿Por qué no le das una patada en la boca a ese hombre que está diciendo eso y aborreciéndome tremendamente?”. Él respondió: “No puedo”. “¿Por qué?”, ella siguió preguntando. “Él está con el estómago vació. No comió ni tomó nada. Hasta yo, si le doy un golpe, ¿lo hago caer? No puedo tocarlo porque no está en falta. Pero, yo se todo lo que le gusta y lo voy a poner en la puerta, a la salida de la Iglesia”, respondió con mucho odio aquel que permanecía alrededor del pastor.

Aquel día, comenzó el proceso de liberación de Roseli. A través de su obediencia a la Palabra de Dios y a los consejos de los pastores, ella perseveró en conocer a aquel Dios que protegió al obispo de su trabajo espiritual. Su liberación no tardó mucho y, en poco tiempo, la Sra. Roseli estaba también bautizada en las aguas y en el Espíritu Santo.

Aún sabiendo que Dios ya había perdonado sus errores del pasado, la Sra. Roseli traía en su interior el sueño de pedirle perdón al obispo Macedo. Dios realizó su sueño y, como muestran las imágenes, ella tuvo la oportunidad de, personalmente, pedirle el tan esperado perdón al obispo Macedo, a quien, hoy en día, ella escucha constantemente, ora por él y por su familia.

Hoy en día, ella tiene placer de dar su testimonio para ganar almas para el Reino de Dios, siendo yo una de ellas. Llegué a la Iglesia enferma, en los vicios del alcohol, drogas, cigarrillos, seguidora de varias sectas, y también enviciada en la cartomancia, sin dinero, sin trabajo y sin casa.

¡Hoy, estoy libre, saludable, bien casada, feliz y próspera, Gracias a Dios!

Como dijo la Sra. Roseli: “Jamás saldré de la Iglesia Universal. Aunque el obispo Macedo saliera, lo que es imposible, de ella yo jamás saldré porque conozco la verdad. Sé que estoy viva debido al esfuerzo, dedicación y a la obediencia de él y de sus pastores a la Palabra de Dios”.

Por Rosana Wolters

La diferencia

Miércoles, Diciembre 16th, 2009

blog16122009

En la actualidad no se puede ser testimonio de la resurrección del Señor Jesús apenas con palabras. El mundo quiere más que discursos, más que rituales regados con emociones. El mundo quiere pruebas concretas de Su resurrección. Y para probar que Él está Vivo, sólo a través de la calidad diferente del carácter y vida.

No se trata apenas de testimonios de milagros, sino de conducta intachable, primero en casa y en seguida fuera de ella. Infelizmente, muchos “cristianos” se han comportado bien en medio de amigos y extraños. Pero cuando están en familia, manifiestan la vieja naturaleza. Otros son santitos cuando hablan de la Palabra de Dios, pero, en cuestión de negocios con los hermanos de la fe, es una tremenda trifulca. Son egoístas, avaros, malos pagadores, expertos y por ahí van.

Dios es justo. La base de Su trono es la justicia. “¡Ay de aquel que haga tropezar a uno de Mis pequeñitos!”, dice el Señor.

Sabemos que la perfección es casi imposible. Pero mientras lo fuere, nos debemos comportar tal como hemos creído. A fin de cuentas, si no hay un testimonio de nuestro carácter, ¿de qué sirve hablar sobre el Señor Jesús?

Vida sentimental

Domingo, Noviembre 8th, 2009

Llegué a la Iglesia el día de los enamorados, el 12 de junio de 2004. Estaba sintiéndome completamente rechazada y humillada. No era para menos. Mi novio de aquel momento había terminado la relación conmigo aquel día.

Creo que para la mayoría de las personas el día de los enamorados representa un día de sueños, expectativas, declaraciones, etc. Para mi también lo representaría sino fuese el fin de mi relación. Maldije ese día.

Me quedé tan aturdida y herida, que dije que nunca más miraría ese día con alegría. Para mi, en los próximos años, en verdad, representaría tristeza y humillación, por recordar el tremendo “fuera” que recibí en pleno día de los enamorados.

En aquel año, el 12 de junio cayó sábado. Resolví entonces ir a la Iglesia Universal para participar de la reunión de la Terapia del Amor. Estaba muy deprimida. Aún así, conseguí tener fuerzas para ir a la iglesia. Sabía que allí tendría alguna respuesta para todo lo que me estaba pasando.

Al comenzar la reunión, el pastor pidió que todos los que estaban pasando por algún problema sentimental fuera hasta delante del altar. Fui sin dudar. En el momento de la oración, sentí fuertemente que Dios me estaba abrazando; esto es, consolándome. En este instante le dije a Dios que nunca más iba a querer saber de tener algún compromiso con alguna persona que no fuera Él.

Al sábado siguiente, ya estábamos en la Hoguera Santa. En unos pocos más, fui aprendiendo sobre la campaña. A pesar de saber que había sido cambiada y rechazada, tenía esperanzas de que mi ex novio volviese conmigo, aún no sirviéndome.

Hice mi sacrificio y mi pedido. Con el pasar de los días no vi ninguna respuesta. Pero, en vez de quedarme triste o resentida con Dios, Le agradecí por no concederme lo que le pedí. Contenta, sólo Él sabía lo que me esperaba. Sea bueno o malo.

Continué perseverando. A esa altura ya no alimentaba más ningún sentimiento por aquel muchacho. Perseveré en las cadenas, en la evangelización y, principalmente, en la fe. Fue cuando llegó la siguiente Hoguera Santa.

En este momento, sintiéndome más madura espiritualmente hablando, decidí dejar a cargo de Dios mi bendición sentimental. Me acordé de lo que dijo la Sra. Ester, en una prédica que hizo en la Catedral de Río de Janeiro, cuyo mensaje estaba escrito en la Folha Universal de aquel año. Ella dijo que no teníamos que preocuparnos con la apariencia física de nuestro/a futuro/a amado/a y sí, que pidiéramos a Dios que Él preparase la persona correcta para nosotros. Y que esa persona, además de tener dentro de sí la intención de hacernos feliz, que encajase con uno.

Allí estaba la solución que tanto buscaba en mis oraciones. El día de mi sacrificio, le pedí a Dios exactamente esto que había leído. Sacrifiqué y esperé convencida de que recibiría mi respuesta tarde o temprano.

Mire lo que sucedió conmigo. La Hoguera Santa sucedió en enero, en aquel año de 2005. Conocí un muchacho que siempre se sentaba cerca de mí y nunca lo había visto (y viceversa), en febrero. Comenzamos a noviar algunos meses después. Y en el día 12 de junio de 2005, o sea, exactamente un año después de llegar a la iglesia, arrasada y mal, Dios levantó mi cabeza, levantándome para Su obra. Dios me honró tanto y fue tan bueno conmigo, que hizo eso sólo par convertir aquel día tan triste para mi, en un día de mucha felicidad. Un año después me casé y hoy soy muy feliz. Tal vez no exista nadie que encaje tanto conmigo como mi esposo.

Creo realmente que cuando nos sacrificamos y sacrificamos a Dios, Él nos honra. No importa el tiempo, porque para el Dueño del Universo, el tiempo es lo que menos importa. Sinceramente, no imaginaba ser respondida en mi vida sentimental, al mes siguiente a la Hoguera.

Tal vez esa ha sido la razón de haber sido bendecida tan rápidamente: no estaba esperando. Mejor dicho, dentro de mi no había lugar para la ansiedad. Tenía absoluta certeza de que mi bendición vendría. Y eso me hacía feliz. Sabía que no sería, de ninguna manera, desamparada.

Es eso lo que Dios hace: cuando no nos preocupamos en recibir una bendición, a pesar de desearla tanto, Dios nos la da bien rápido. Creo que es porque Él no quiere que nada tome Su logar en nuestro corazón.

En la fe.
Jaqueline Correa.

Médica sanada por la fe

Domingo, Noviembre 1st, 2009